sábado, julio 2HOLA LA PAMPA

«¡Qué fantástico volver! Tengo un gran recuerdo de Buenos Aires»


“La primera vez que llegué a Argentina tenía un dolor de muelas que no le puedo explicar (risas). Estaba muriendo de dolor. Me acuerdo de eso porque venía sufriéndolo en el avión. Fue un martirio. Pasé tres o cuatro días con ese dolor terrible. También durante la función, pero lo increíble fue que cuando empecé a cantar me olvidé del dolor.

Después de la función, el dolor volvió y más fuerte (risas). Fue una tortura.Pero me acuerdo del teatro, de la gente muy generosa y gentil. Fue fantástico. Recorrimos un poco Buenos Aires, vimos un espectáculo de tango privado, solo para nosotros. Tengo recuerdos muy buenos”, cuenta Roberto Alagna desde París, antes de presentarse en el escenario del Teatro Colón a diez años de su debut.

El tenor francés se excusa de que su español no es muy bueno porque pasó mucho tiempo sin hablarlo, pero lo cierto es que su castellano está impecable. Acaba de regresar a París vía Polonia, donde dejó con sus abuelos a su pequeña hija, fruto de su último matrimonio con la cantante polaca Aleksandra Kurzak.

A pesar de las pocas horas de descanso, la voz de Alagna suena muy fresca y alegre del otro lado del teléfono, y tan predispuesto a conversar como listo para tomar su próximo avión que lo traerá a Buenos Aires para su presentación este martes (14 de junio) en el escenario del Teatro Colón.

Con una refugiada y su hija en casa

¿Cómo es su presente profesional y su vida personal?

-Fantástico. Ahora soy un hombre maduro y tengo la buena suerte de tener una niña pequeña que me da una alegría increíble. Pero quiero ocuparme de ella porque con mi primera hija no tuve mucho tiempo, yo era muy joven y trabajaba mucho. Ahora trabajo pero siempre un poquito menos que antes. Me gusta estar en mi casa, ir a la escuela con mi hija, ocuparme de ella.

No es fácil en este momento porque con la guerra de Ucrania, muchos ucranianos se refugiaron en Polonia. En casa recibimos una mujer con su niña. Es una situación muy difícil, no se sabe si Putin atacará a Polonia. Todo el mundo tiene miedo. Y yo también.

Mi esposa ahora está en Dresde para hacer un concierto, yo estoy en París y mi niña en Polonia con los abuelos. No es fácil. En este momento prefiero estar con mi hija.

Sin embargo, este año tiene una agenda muy completa…

-Sí, como siempre…

Como siempre, pero no tanto porque las cosas no están como siempre luego del Covid, el confinamiento y la situación de Ucrania. Imagino que algo debe haber cambiado en su forma de pensar su carrera, ¿no?

"Ya llevo 39 años en la ópera. Antes cantaba en cabarets; a los 17 años ya era un profesional" Foto  Jacqueline  Dauxois

«Ya llevo 39 años en la ópera. Antes cantaba en cabarets; a los 17 años ya era un profesional» Foto Jacqueline Dauxois

-Sí, tiene razón. He cambiado muchísimo. Ahora entiendo lo que es la vida normal. Antes tenía miedo de eso porque estaba muy acostumbrado a estar todo el tiempo con una función. Empecé muy joven en la ópera, tenía 20 años. Ahora llevo 39 años en la ópera. Antes de eso, cantaba en cabarets, y a los 17 años era un profesional.

He pasado toda mi vida cantando y siempre teniendo una función. Pero ahora que me ha gustado estar en casa, vivir como todo el mundo, no tengo miedo de estar en mi casa tranquilo.

Recién mencionaba su experiencia con la música popular en el cabaret desde jovencito, ¿qué cosas de toda esa experiencia llevó al mundo de la lírica?

Es lo mismo. Sólo que el cabaret te hace entender la comunión que hay con el público porque estamos muy cerca. Además tenés que tener un rostro agraciado también, y no hacer mucho esfuerzo.

Ganó naturalidad, espontaneidad, en ese mundo…

-Sí, y también me dio la oportunidad de improvisar, de sentir la emoción súbita. Eso es fantástico. Y buscar la simplicidad de la voz, de la emoción, la energía. Todo eso te lo da el cabaret. Y, después, todo eso lo pasás al mundo de la lírica. Me ayudó muchísimo. Siempre me gusto dar al público, ser generoso y sincero, sin hacer trucos. Me gusta mucho la simplicidad y verdad de la voz.

Sobre «la técnica»

A veces se abusa mucho de la técnica en la lírica. Me recuerda a una frase de un cantante argentino, “la técnica hay que usarla sólo para los días malos”.

(risas) Y agrego algo: la técnica es como el maquillaje. Cada día te parece que estás un poquito más viejo, y te ponés maquillaje para que no se vea. Eso es la técnica. Pero la técnica no te puede salvar de todo. Y también hay algo mental. Gracias a Dios tengo una buena salud, porque podés estar muy bien pero a los cinco minutos te pasa algo y no sabés qué hacer. Somos humanos. Es una profesión muy difícil.

Eso de llevar el instrumento en el propio cuerpo los vuelve muy vulnerables.

-Sí. Cuando estás nervioso, mal dormido, cansado, tenés miedo o estrés, todo se resiente en la voz. Hay que controlar todo. Pero a veces no podés. Siempre digo: cuando todo va bien en una función, es un milagro. Puede pasar una cosa que no podés controlar y te arruina todo.

En La Scala de Milán

Su experiencia en La Scala de Milán hace unos años, cuando abandonó el escenario luego de los abucheos del público, da cuenta de lo que acaba de decir. Por otro lado, más allá de esa anécdota, es una gran lección que da cuenta que las carreras de los grandes artistas están hechas tanto de éxitos como de fracasos. ¿Cómo piensa ese episodio, sobre todo a unos meses de volver a cantar allí?

-Eso le ha pasado a todo el mundo. Todos los grandes han tenido ese tipo de experiencia en la Scala o en otro teatro. A Caruso le pasó en Nápoles, su ciudad.

Pero no existían ni internet ni las redes sociales.

-Claro. Pienso que es un poquito violento. Hoy día, todos luchamos contra la violencia, lo que hicieron esa noche es parte de la violencia. La única diferencia es que yo estaba muy enfermo en ese momento, tenía un problema de salud, y mi médico estaba conmigo. Todo el mundo lo sabía. Por eso fue injusto. Después de tantos años se sigue hablando de eso. 

Yo tuve el coraje de no aceptar la violencia y retirarme. A pesar de eso, después del episodio, siempre me han llamado. Incluso, muchas veces en la Scala. Y ahora voy a volver el próximo año con Fedora. Veremos qué pasa. Así es nuestra profesión: hay altos y bajos. Pero eso te da también una lección de vida. Un artista al que no le pasa nada, no es un artista.

No sólo los artistas, también los humanos en general.

-Claro, la vida es así. Si todo va bien todo el tiempo, no aprendés nada de la vida.

¿Hay cierta dificultad en aceptar las vulnerabilidades de los artistas?

-Es cierto. Somos humanos y es una bendición cuando todo está bien. Cuando estás frente al público cantando música muy difícil, nadie te puede ayudar. Estás solo. Por eso tengo mucho respeto por todos mis colegas. Es muy difícil, no tenemos amplificación, trabajamos de la misma manera como se trabajaba hace dos siglos.

El programa

¿Cómo será el programa que va a presentar en el concierto?

-Va a ser un programa muy ecléctico y muy difícil. En la primera parte voy a cantar arias de óperas, pero no sólo las conocidas. No me gusta cuando se hace un concierto sólo con los hits para ganar el aplauso fácil. Voy a empezar con un aria francesa muy deliciosa, fue muy famosa en su momento y todos los grandes tenores la cantaban, es de la ópera Le Roi d’Ys de Édouard Lalo.

Después un aria muy dramática de La juive, de Jacques Halévy, y también un aria de la ópera de Cherubini, Les Abencérages : Suspendez à ces murs…, una obra un poco más antigua. Y, luego, una curiosidad que amo hacer: de la ópera Pagliacci voy a cantar el prólogo, el aria de Arlequín y también de Canio.

Los tres hombres en un solo intérprete. La segunda parte va a ser más ligera: canción napolitana, melodías francesas, y, después, casi todo en español. Es una sorpresita y por ahora no voy a decir de qué se trata.

¿Cómo se hace para entrar en el personaje de una ópera, con el todo el drama y su carga, en apenas unos minutos?

-Hay que ser sincero con uno mismo en la situación y eso va a pasar al público. Si querés jugar un personaje, no va a funcionar. Cuando canto La Juive soy el personaje; soy Roberto en esa situación con mi hija, con ese problema. Así es muy fácil porque sos yo viviendo el drama o la situación alegre que esté pasando.

Lo mismo en la canción popular. Si no sos natural y no sentís la música, o la cantás en un estilo equivocado, no va a funcionar. Hay que ser muy sincero con la música y con uno mismo.

Cuestion de «feeling»

¿Qué condiciones tiene que tener un pianista acompañante?

-Es muy importante tener el feeling. No conozco a la pianista Irina Dichkovskaia que se va a presentar conmigo, fue propuesta por el Teatro. Pienso que tiene un poco de temor con la música más ligera, supongo que es pianista concertista, y para hacer canciones como las napolitanas tenés que tener el feeling, como en el jazz.

Pero pienso que, como ella es rusa, seguro que tiene el alma como los sicilianos o latinos, y sabrá sentir la música popular. Estoy muy tranquilo.

Le gusta correr riesgos y es bastante flexible porque en general los cantantes se presentan con sus pianistas acompañantes.

-Sí, a mí me gusta conocer gente nueva. Tengo muchos pianistas con quién trabajar, pero aquí el teatro me ha ofrecido una pianista. No la conozco pero estoy seguro que todo saldrá bien. Hay que sentir una comunión con la música y cuando estas con un pianista es lo mismo. Es un intercambio, como un dueto o un acto de amor. Hay que tener una alquimia entre los dos. Lo vamos a pasar bien.

Usted es un anti divo…

-Yo soy siempre el mismo. Muy natural. Cuando era muy joven entendí que se jugaba un personaje -el del tenor o barítono– los roles eran más severos. Y todo eso me cansaba muchísimo porque consume mucha energía jugar ese personaje en la vida diaria. Toda esa energía es mejor usarla en el escenario. Así que pensé que era mejor ser uno mismo. Es más fácil.

FICHA

Roberto Alagna, tenor

Irina Dichkovskaia, piano

Martes 14 dejunio, a las 20hs, en el Teatro Colón.



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