julio 23, 2024

Ficciones y micciones | El plan de Milei



Con el país en pleno derrumbe —según los informes de la UIA y el Indec—, los argentinos asisten espantados a la provocación permanente de un gobierno que hace echar profesores por razones ideológicas, que advierte a los gobernadores que los va a mear y que los convoca, desconvoca y los vuelve a convocar, pero sin la participación de Javier Milei. El mismo día de la masiva marcha feminista de todos los años, anunciaron que han cambiado el nombre del Salón de la Mujer en la Casa Rosada y que enviarán al sótano los retratos de mujeres argentinas que han hecho historia.

Las cifras son espantosas. El 45 por ciento del ajuste lo pagaron los jubilados, el 70 por ciento de los cuales ya estaban por debajo de la línea de pobreza. El salario de los trabajadores perdió —mes contra mes del año pasado— el 25 por ciento de su capacidad adquisitiva, pero el 20 por ciento fue de diciembre a marzo, a partir de las medidas del nuevo gobierno. Milei terminó de borrar todo lo que habían recuperado los salarios en los gobiernos de Néstor y Cristina Kirchner.

El Monitor de Desempleo Industrial de la UIA puso en rojo los números del primer trimestre, 30 por ciento abajo de la peor medición de la serie. La última medición del año pasado daba un aumento de 6,5 por ciento del empleo. Ahora cayó el 21 por ciento. La industria cayó 12,4 por ciento y la construcción 21,7 por ciento. El personaje consiguió un superávit fiscal artificial sacándoles la comida a decenas de miles de comedores populares y dejando sin tratamiento a los pacientes oncológicos.

Ya en la medición de febrero, el superávit fiscal dejó de existir porque fue una patraña. Si bajan los salarios, baja la recaudación. En Brasil, el presidente Lula está a punto de lograr el déficit cero. En vez de ajustar, aplicó un impuesto a las grandes fortunas de los fondos de inversión y logró un récord de recaudación sin destruir educación, salud, asistencia social, industria ni mercado interno como sucede en Argentina.

Mientras el pueblo salta los molinetes del tren porque no tiene para pagar el pasaje, las universidades de todo el país anunciaron que en mayo-junio deberán cerrar sus puertas. No hay más plata. En un llamado de atención mayúsculo, 68 premios Nobel del todo el mundo, la mayoría en Química y Física, advirtieron al Gobierno por la destrucción del Conicet.

No son detalles, el daño es brutal y profundo. El salario seguirá cayendo este año, sobre todo para los trabajadores informales, y no hay perspectiva de que se recupere.

Según la encuestadora Pulso Social, en este escenario trágico para millones de personas, la imagen de Milei bajó en la provincia de Córdoba, pero mantiene un respaldo del 52 por ciento. La paradoja está en que el 78 por ciento reconoce que el ajuste lo pagan los trabajadores y la clase media. Según la misma medición, en esa provincia que le dio el triunfo a Mauricio Macri, el expresidente es uno de los que tiene peor imagen.

En un acto en Rosario, Macri volvió a mostrar las uñas. “Son él, su hermana y las redes”, dijo por Milei, dando a entender que, en cambio, el PRO es un partido. Un presidente sin partido y un partido sin presidente encajan. Macri insiste con ese camino, aunque por ahora Milei lo mantiene a distancia y trata de apropiarse de la base electoral del PRO sin negociar con la estructura partidaria.

Aunque el respaldo que tiene no es el que dice tener, lo real es que al comparar el estropicio que ya hizo, con la reacción de la sociedad, es mucho más grande el daño. La mayoría está enojada, pero sin encontrar la forma de expresar ese rechazo. Y hay una minoría importante que respalda incluso su propia destrucción.

No se trató sólo de voto bronca. La sociedad mutó. No es la misma. El tejido social se desgarró. Los errores y lo que no hizo el gobierno anterior podían explicar una derrota electoral. Pero no explican el voto a semejante energúmeno. Estaba la semilla de algo más, que llevó a un discurso muy instalado de disolución social, de individualismo extremo sin concepto de Nación o comunidad, de rechazo al disenso y al diferente.

En su charla a los estudiantes del colegio Cardenal Copello, Milei les habló a los adolescentes de superávit fiscal, de las prácticas sexuales del burro, de la enfermedad del socialismo y de cómo trató de zurditos a los directivos de las principales corporaciones del planeta reunidas en Davos. Pero además amenazó a una profesora de Iñaki Gutiérrez colaborador suyo en la manipulación de las redes.

Gutiérrez, alias La Pepona, denunció a una profesora de la Universidad de Belgrano porque, según dijo, era una militante radical que lo perseguía por libertario. Al otro día, vergonzosamente, la Universidad de Belgrano dijo que la profesora no enseñaba más allí.

Milei tuiteó rabiosamente contra una docente jubilada que en las puertas del Colegio había señalado las dificultades de los jubilados. Las autoridades del Colegio emitieron un comunicado para aclarar que esas declaraciones corrían por cuenta de la jubilada. Ni la conducción de la Universidad de Belgrano, ni la del Colegio Cardenal Copello salieron a defender a la docente amenazada por el Presidente o a la docente aterrorizada por el ataque furioso de los trolls presidenciales, entre los que figura Gutiérrez, quien en realidad fue bochado en todas las materias que cursó el año pasado.

Esa educación autoritaria, que reprime a los docentes que no piensan como ellos, sin diversidad y con favoritismos para los estudiantes relacionados con el poder, es la que proponen los libertarios.

Gutiérrez también fue el que propuso cambiar el nombre del Salón de la Mujer, en Presidencia. Los trolls presidenciales trabajan allí, donde han tapiado puertas y ventanas. Karina Milei tomó la propuesta y dio la orden, aunque esperaron hasta el 8 de marzo, Día Internacional de la Mujer para anunciarlo pocas horas antes de que se realizaran masivas manifestaciones de mujeres en todo el país. Los retratos de Tita Merello, Eva Perón, Juana Azurduy, Mercedes Sosa, Cecilia Grierson y otras grandes mujeres argentinas dormirán en los sótanos.

La convocatoria a los gobernadores fue después de trascender que el Presidente había dicho que los “mearía” y que su equivocación había sido “confiar en ellos”. Las 24 provincias estuvieron representadas en una reunión donde la ausencia de Milei resultó un alivio por sus desplantes, pero al mismo tiempo dejó la incertidumbre sobre la confiabilidad de los ministros Nicolás Posse y Guillermo Francos.

El gobernador de Buenos Aires, Axel Kicillof, había planteado siete puntos que requería su distrito. Y los gobernadores patagónicos se reunieron y plantearon también la devolución de los fondos que el Gobierno les retiró.

El gobierno nacional trata de hacer tiempo para asentar la vigencia del DNU, pero necesita algunos puntos de la Ley Ómnibus que le habilitan las privatizaciones y la delegación de poderes. Los gobernadores fueron a plantear sus intereses desde su diversidad política. Desde un Osvaldo Jaldo que hace más de lo que se le pide en su camino de despedida del peronismo, hasta los gobernadores de Unión por la Patria que asisten con mucho escepticismo.



Source link