julio 23, 2024

Un gobierno y una oposición llenos de ruidos



La semana política volvió a dejar la sensación de que las cosas sólo pasan por el espectáculo del oficialismo, incluyendo episodios surrealistas. Pero el gran interrogante sigue siendo si acaso habrá, y cuándo, alguna reacción opositora que no consista en permanecer exclusivamente a la defensiva. Hay algunos signos.

Los papelones del Gobierno ya no abarcan sólo al ámbito institucional, declarativo o parlamentario. E internacional. Ver a un Presidente abalanzándose como un groupie extasiado sobre Elon Musk no es para el estómago de cualquiera. Y la ratificación del alineamiento incondicional con Israel, nada menos que justo ahora, es de una irresponsabilidad geopolítica capaz de ser gravísima.

Por fuera de tales ingredientes, hay otros que pegan en forma directa sobre la percepción popular en torno a la economía.

Debe tenerse, sin embargo, la prevención que este domingo volvió a describir y explicar Alfredo Zaiat, a propósito de cuándo la mayoría se va a cansar de Milei. La experiencia indica que el umbral de tolerancia social es bastante alto.

Los antecedentes históricos muestran que los estallidos no fueron gatillados por la crisis social (sin perjuicio de las tensiones acumuladas en ese terreno), sino que vinieron desde el frente financiero-cambiario. O sea, cuando el proyecto político se quedó sin dólares suficientes para frenar corridas cambiarias”.

La novedad es que venía rigiendo, marcadamente, “hay que aguantar un poco”. “No se pueden pretender soluciones de la noche a la mañana”. “Había que sincerar el desastre del gobierno anterior”. Y símiles que le daban muy mayoritaria protección o comprensión al oficialismo.

Ahora se produjo un cambio en los testimonios callejeros. Las puteadas están a la orden del día y alcanzan a todos. En la prensa operadora de Milei se notan discordias de divismos, pero también “fugas” de quienes intuyen que no da para continuar militándolo a como dé lugar.

Y hay un descenso muy significativo, que se advierte de inmediato si se presta atención a redes y foros, en la intensidad de los trolls que trabajan directamente desde Casa Rosada. Algún forista ingenioso de un medio oficialista posteó que no cerraron la paritaria.

Puede agregársele que, así arreglaran, Caputo El Toto lo impugnaría porque los salarios no deben dispararse, aunque se trate de un libre acuerdo entre partes. El ministro y Jamoncito apenas conceden entrevistas a sus fanáticos, de modo que está vedado consultarles sobre ese aspecto tan curioso del dogma anarcocapitalista.

Hay capítulos o peripecias que interesan únicamente al mundillo periodístico y politizado.

Por ejemplo, que el senador libertario Francisco Paoltroni aluda a La Bella Durmiente para incitar a una violación colectiva en nombre de lo que Milei se animó a ejecutar. Una “versión polémica”, tituló TN.

Por ejemplo, que el indescriptible vocero presidencial no pueda coordinar oraciones y se ampare en que durante la madrugada se desveló.

Por ejemplo, que Milei, su Hermana en Jefe que hace y deshace, y su séquito, se vayan de gira por Estados Unidos para recibir el premio “Embajador Internacional de la Luz” por parte de una secta.

Por ejemplo, que haya estallado la interna del bloque parlamentario libertarista gracias a -atención- un movimiento nuevamente descoordinado entre los hermanos gobernantes. Culebronazo de Menem contra Pagano, de Zago contra Menem, de La Hermana contra Zago y Pagano, y así sucesivamente. No hablamos de ideología ni de los negocios que favorecen a la casta empresarial, que están a salvo. Hablamos de que el Gobierno es un caos de gestión cotidiana y arrebatos individuales.

Por ejemplo, que en Diputados TV, una señal pública comandada por la presidencia de la Cámara, hayan censurado al aire a una colega, Laura Serra, que se refería al tema.

Como a Milei no le importa “la política” y deja todo lo ejecutivo en manos de El Jefe, se producen estas cuestiones que, empero, tienen además un costado significativo.

Los hermanos, que no son tantos como para no poder contarlos, difieren acerca de si les cuadra trazar alianzas, para las elecciones de 2025, con lo que queda de Macri. Milei quiere. La Hermana no. Y si La Hermana no quiere, todo revelaría que sanseacabó.

Completa y comprensiblemente alejadas de estos vericuetos, se sospecha eso de que buena parte de las mayorías empiezan a cansarse.

El ministro de Economía dice que las prepagas le declararon la guerra a la clase media, pero no como ministro sino en rol de comentarista. Pararon los bondis en el AMBA y el Gobierno se dedicó a mirar (si dejan que suban las tarifas del transporte se les escapa la inflación, y si la evitan manteniendo los subsidios se les descontrola el equilibro fiscal comprometido con el Fondo Monetario). Y no homologan paritarias por aquello de que la libertad debe avanzar, pero no tanto como para perjudicar sus intereses de sociedad disciplinada.

La fiesta es de timba financiera y de activos argentinos a valores de liquidación. Y en la macro la paga “la plata de los jubilados”, el equilibrio fiscal a costa de salarios e ingresos populares, dibujo de la inflación del bolsillo y ninguneo de la deuda externa estatal y privada. Una delicia.

En ese marco, se produjo uno de los hechos políticos más inenarrables de que se tenga memoria. El Jumbobotgate.

Jamoncito se valió de una cuenta fake para ostentar que la inflación se derrumba. En realidad, mentó directamente una deflación.

Eso ya no es sacar pecho. Y ni siquiera se trata del delicadísimo aspecto institucional, operativo, de un Presidente que compra una falsedad sin el más mínimo asesoramiento de su gobierno de tuiteros.

Es que, por primera vez, le pica muy de cerca la contradicción entre lo verosímil de sus números y lo que la gente (no) siente en su economía.

Marco Lavagna, titular del Indec, no podía creer lo inenarrable de un jefe de Estado que blande un robot trucho para alentar que hay precios maravillosos gracias al “ajuste más grande en la historia de la humanidad”. Lavagna es un hombre moderado, profesionalmente serio, con códigos elementales, que tuvo la diplomacia de guardarse su enfurecimiento. Cabe reconocérselo porque…¿qué credibilidad tienen los números del organismo si el Presidente privilegia una truchada?

La respuesta, para insistir con el dicho patentado por Carlos Heller hace años, es que el único límite al ajuste es la reacción de los ajustados.

Y algo, del tipo de lo enunciado, viene asomando.

No convence ni de lejos la apatía con que Héctor Daer anunció las iniciativas de la CGT. Pero tampoco puede negarse que, así fuere a regañadientes y con el anticipo de la marcha del 24 de enero, esa dirigencia sindical con entre poco y nada de popularidad debe responder ante la olla a presión. ¿Tiene razonabilidad conducente ver el vaso medio vacío? ¿Qué sería lo alternativo? ¿Descansar en lo bucólico de que son una manga de burócratas? ¿O bien, aprovechar las circunstancias?

De igual manera, corresponde anotar que despertó la comunidad o sensibilidad universitaria.

Es un sector de enorme potencia simbólica. Contra la ignorancia mediática de la propia prensa opositora, se manifestó. Se ocuparon las calles con clases públicas. Los rectores declararon formalmente la emergencia presupuestaria. La Marcha Federal anunciada para el 23 de este mes será imponente y, ya que estamos, la CGT adhirió y lo comunicó como el primero de sus ítems.

Sumado, las imágenes de la represión en el centro porteño, frente a la sede de un Ministerio de Capital Humano que es insultante desde su título, fueron -de nuevo- típicas de un régimen dictatorial. Gaseo, balas de goma, camiones hidrantes, cronistas heridos.

Todo eso es recién cumplidos cuatro meses de la asunción de ultraderecha Y, va por enésima vez: los tiempos de las urgencias y angustias particulares nunca son simultáneos a la velocidad de los procesos político-sociales.

Sí es cierto que no hay modelo ni liderazgo que contenga y le dé proyección a esta bronca (que se presume) creciente.

Por el momento y para beneplácito del lugar común, hay mucho ruido y pocas nueces.

El pesimismo de la inteligencia privilegia lo segundo. Y el optimismo de la voluntad, lo primero.



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