sábado, febrero 4

Axel Kicillof busca la reelección sin Cristina Kirchner en la boleta y un escenario incierto



El gobernador apostaba a compartir nominación con la ex Presidenta. El rol de los intendentes.

Faltan muchos meses, y aún es demasiado reciente. Pero Axel Kicillof, el gobernador bonaerense que trabaja para ser reelecto el año próximo, fue uno de los que quedó impactado por la sorpresiva y prematura decisión de Cristina Kirchner, que un rato después de la condenada del TOF2 en el final del juicio por Vialidad anunció que en el 2023 no estará «en ninguna boleta».

El anuncio de la ex Presidenta obliga al gobernador, en términos estrictamente electorales, a barajar y dar de nuevo. Fue uno de los que escuchó de su boca, en la cena del martes en Ensenada, la necesidad de salir a poner la cara y dar la batalla. Sin ella. «Axel entra en su momento de mayor debilidad», exageró en las últimas horas ante este diario un intendente del Gran Buenos Aires que valora la gestión del gobernador pero que reconoce la resistencia de sus colegas del conurbano, básicamente «por su forma de ser». «Cristina es la única persona que quiere que Axel sea otra vez gobernador», agregó.

Más alla de la exageración, Kicillof enfrenta un fin de año tenso. Los jefes comunales, no solo los de la oposición de Juntos por el Cambio si no también los propios, los del PJ, todavía le reclaman más fondos para infraestructura y seguridad en la discusión por el Presupuesto 2023.

La semana que viene podría haber sesión en la Cámara de Diputados provincial. El gobernador aún no tiene su Presupuesto. Es, por ahora, una hipótesis de trabajo surgida tras la reunión del martes, en plena condena a Cristina Kirchner, entre referentes de la oposición y del oficialismo, entre ellos el jefe de Gabinete, Martín Insaurralde, y el ministro de Economía provincial, Pablo López. El presupuesto para obras y seguridad podría girar en torno a los $60.000 millones. Este año fue de $40.000 millones, un aumento del 50% con una inflación que a fin de año podría rondar el 100%.

«Axel, al final, siempre la gana», reconocen desde un municipio del Gran Buenos Aires. Aunque también admiten que, en estos años, el gobernador fue una máquina de girar fondos a los distritos. Lo que les molesta es que el ex ministro de Economía de Cristina Kirchner audite las cuentas municipales: no se le escapa nada

Lo cierto es que, hasta ahora, el gobernador estaba atado electoralmente a la suerte de la ex Presidenta, y todavía es muy temprano para conocer las consecuencias de la decisión del martes que, en La Cámpora, conocían de antemano. «Si la condenan no va a ser candidata», anticipaban en el entorno de Máximo Kirchner.

En la tercera sección del Gran Buenos Aires, Cristina Kirchner tiene su mayor fortaleza electoral. En la primera sección, no tanto. Hay intendentes que, incluso, y más allá de la sorpresa, festejaron por lo bajo la decisión de no postularse. «Hay votos independientes que no se retienen con el apellido Kirchner en la boleta», dicen.

Es, principalmente, la crisis de la economía que inquieta, y mucho, a la ex jefa de Estado. En particular en el conurbano, donde más se siente. Por algo Cristina Kirchner le prende velas al plan de Sergio Massa: cree que es la última oportunidad para evitar que el peronismo caiga en lo que, según ella, podría ser una elección catastrófica. 

Kicillof enfrenta esa encrucijada. Según un analista y encuestador de renombre, el gobernador tiene una oportunidad: sus números de popularidad no son malos. Y hay factores externos que podrían beneficiarlo. En especial, uno: Javier Milei, que se mantiene con niveles de intención de voto sorprendentes en territorio bonaerense que perjudican a la oposición y, en consecuencia, ayudan al Frente de Todos.

La decisión de Cristina Kirchner preocupa además al gobernador por la posibilidad de que se sumen aún más adhesiones a aquellos que lo impulsan como posible candidato presidencial.

Kicillof no quiere saber nada con esa hipótesis. En su entorno juran que nunca lo habló con la ex Presidenta, aunque hay versiones que dan cuenta de una conversación que tuvo lugar el año pasado, después de la derrota electoral de las primarias, en la que también habrían participado el jefe de La Cámpora y el ministro Eduardo «Wado» de Pedro. Previo al desembarco de Insaurralde, cuyos movimientos inquietan en la gobernación.

El jefe de Gabinete de Kicillof, que tiene una sociedad política con Máximo Kirchner en territorio provincial, todavía no se resigna a su objetivo de gobernar la Provincia. Es un actor clave del sistema de poder de la Provincia, en el que conviven la política y la Justicia, al que el gobernador no pertenece. «Axel no es ‘intendentista’, y nunca lo va a ser: por eso no lo quieren», sugiere un intendente de la primera sección del conurbano. Con La Cámpora, el vínculo también es inestable. 

La que sí lo quiere es la ex Presidenta, que se corrió de la carrera electoral tras la condena a seis años de prisión y la inhabilitación perpetua para ejercer cargos públicos y que dejó un escenario abierto e incierto. Para dirigentes como el presidente del PJ bonaerense. Y también para Kicillof.

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