domingo, septiembre 25

Billy Idol y Green Day llenaron Vélez con una imparable maratón de hits


A primera vista, la idea de unir en una misma noche a Green Day y Billy Idol quizás podía parecer forzada o al menos inesperada, pero resultó una combinación perfecta e imbatible para dar forma a una gran jornada de rock. De hecho, la dupla de artistas el domingo llenó el estadio de Vélez con más de 30 mil personas.

Con Billy Idol, el repertorio hacía un pie en el comienzo de los años ’80, cuando tuvo enormes hits muy difundidos en MTV. Y con Green Day la lista de temas se aseguraba un salto a la década 1995-2005, con otra seguidilla de éxitos. Juntos fueron dinamita.

Billy Idol en Vélez. Foto: Martín Bonetto.

Billy Idol en Vélez. Foto: Martín Bonetto.

El inicio, a manera de telonero con un show de una hora, estuvo en manos del británico radicado en Estados Unidos que hoy tiene 66 años y mantiene su pelo platinado con aires punk. La gente ovacionó su llegada al escenario y celebró la presencia de su histórico socio musical, el guitarrista Steve Stevens.

Un regreso tras 31 años

No faltó nada. Hicieron todos los hits y sorprendieron con buen material muy reciente, por ejemplo la balada Bitter Taste (que sonó este año en la serie The Umbrella Academy) y Runnin’ From The Ghost. Ninguna desentonó en una lista plagada de títulos ultra-conocidos por todo el estadio, como Dancing With Myself, Mony Mony y Rebel Yell.

Billy Idol y Steve Stevens en Vélez. Foto: Martín Bonetto.

Billy Idol y Steve Stevens en Vélez. Foto: Martín Bonetto.

Billy Idol remarcó que hace 31 años que no venía al país, «Y amo estar acá», subrayó. Los fans le dedicaron cantitos, corearon los estribillos y festejaron sus mohines y clichés de estrella de rock, como sacarse la remera, quedar con el torso desnudo y luego ponerse encima una campera de cuero. O mirar a cámara y hacer gestos sabiendo que iban a magnificarse en las pantallas gigantes.

Mención aparte para Stevens, que ratificó su virtuosismo y su rol definiendo el sonido de los hits de Idol. Juntos forman una dupla al mejor estilo Page-Plant, donde cada uno potencia al otro hasta conseguir un resultado distintivo. No se privó siquiera de hacer una gran intro a Eyes Without a Face ni de lucirse con el tema central del Top Gun original, que compuso en 1987.

Billy Idol tuvo un regreso con gloria al país y mañana martes se dará el gusto de llenar el Luna Park con un concierto a solas.

Carisma, simpatía y rock

En el caso de Green Day no pasó tanto tiempo, tal como recordó Billie Joe Armstrong desde el escenario. La banda vino hace cinco años a Vélez, y antes había tocado en Buenos Aires en 1998 (Parque Sarmiento) y 2010 (Costanera Sur, en el festival Pepsi Music).

Billie Joe Armstrong, de Green Day, en Vélez. Foto: Martín Bonetto.

Billie Joe Armstrong, de Green Day, en Vélez. Foto: Martín Bonetto.

Un recital de Green Day es un despliegue imparable de energía, hits y el desbordante carisma y simpatía del cantante. Atrás están sus socios Mike Dirnt en bajo y Tré Cool en batería, aunque en vivo también se suman dos guitarristas (Jason White y Kevin Preston) y un tecladista que además toca el saxo (Jason Freese).

El conejo de Green Day, arengando al público. Foto Martin Bonetto.

El conejo de Green Day, arengando al público. Foto Martin Bonetto.

Los fans conocen cada detalle y celebran por anticipado. Cuando se apagan las luces y suena Bohemian Rhapsody, ya saben que está por comenzar el show. Enseguida llega a los parlantes el Blitzkrieg Bop de los Ramones y sube un nombre disfrazado de conejo (con chaleco y corbatita finita) para arengar a la gente. Y con American Idiot arranca la maratón de hits.

Billie Joe Armstrong, de Green Day, en Vélez. Foto: Martín Bonetto.

Billie Joe Armstrong, de Green Day, en Vélez. Foto: Martín Bonetto.

Los seguidores de Green Day tampoco se sorprenden cuando Billie Joe pregunta quién quiere subir a cantar, e invita a una chica a hacer coros. O cuando pide que alguien toque la guitarra en un tema, que esta noche fue un chico llamado Valentín, que se fue feliz con la viola que le regalaron después de su participación.

Hubo fuegos artificiales, explosiones, una gran iluminación, pogo, guiños a Iron Man de Sabbath, un poco de armónica en Minority, un solo de batería, y muy buenas visuales con efectos en tiempo real sobre imágenes en vivo.

Green Day, en Vélez. Foto: Martín Bonetto.

Green Day, en Vélez. Foto: Martín Bonetto.

Pero la clave de Green Day es Billie Joe, siempre al borde la demagogia pero sin parecer falso ni exagerado. Su espontaneidad y constante buena onda es todo, mientras suena una seguidilla de hits. No fueron tres horas, como en alguna visita anterior, pero sí superaron los 130 minutos.

Los momentos clave fueron Boulevard of Broken Dreams, When I Come Around, Basket Case y la siempre emotiva Wake Me Up When September Ends, además del primer final con Jesus of Suburbia y el bis Good Riddance (Time of Your Life).

«No hay otro lugar donde quisiera estar que no sea Argentina,»​ dijo el cantante en un momento. A juzgar por el entusiasmo y alegría que derrochaban desde el escenario, era cierto. Más adelante, se puso a dirigir los gritos de las tribunas de todo el estadio como un director de orquesta con disfraz de punk-rock. La gente deliraba, tal como sabía que iba a pasar, porque es lo que produce una noche con Green Day.

MFB



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