sábado, febrero 4

el artista al que burlaban por analfabeto y terminó siendo un cantor masivo y un cineasta de éxito


Decía Oscar Wilde que en el arte, como en el amor, la fuerza siempre está dada por la ternura. Ternura es la palabra que, a diez años de su muerte, mejor define al Leonardo Favio artista. Al cantante, al cineasta y al compositor. Pero antes que todo eso, Ternura es la palabra que describe de pies a cabeza al Leonardo Favio-ser humano.

¿Cuántos Leonardo Favio hubo dentro de Fuad Jorge Jury Olivera (su nombre real). No tantos, apenas tal vez un puñado. Todos ellos cortados por la misma tijera. Con idéntica hechura.

No es difícil descubrir a los otros Favio en los personajes principales de sus películas más icónicas.

Leonardo Favio, un creador, un hombre que se veía a sí mismo como un soñador.


Leonardo Favio, un creador, un hombre que se veía a sí mismo como un soñador.

Un hombre con mil facetas

En Nazareno Cruz y el lobo puso su poder de transformación. A Juan Moreira, le regaló su espíritu rebelde. Con Gatica reflejó al peleador empedernido e idealista. En el Charlie de Carlos Monzón yacía el provinciano, un inocente deslumbrado por la gran urbe. En Mario “El Rulo” (Gian Franco Pagliaro) el artista trashumante. Ambos protagonistas de Soñar Soñar, su película más amada a la par que su fracaso más rotundo.

Del mismo modo es fácil descubrir a todos los Favio en sus canciones. El cineasta, el actor y el cantante no pueden ser disociados, mal que le pese a quienes en algún momento intentaron separarlos. Una falsa disyuntiva de cierta cultura elitista eligió ensalzar sólo una parte del genio, omitiendo adrede su costado más romántico.

El “Chiquito”, tal lo llamaban en su casa de Las Catitas (a 91 kilómetros de la ciudad de Mendoza) nació el 7 de junio de 1938. Fuad, su nombre de pila, es de origen libanés (su padre Jorge Jury Atrach vino de Siria a los 16 años) y significa “corazón”, nada menos.

Leonardo Favio. Fotografía tomada en su casa el 18 de marzo de 1971 para Revista Gente. Gentileza Editorial Atlántida.


Leonardo Favio. Fotografía tomada en su casa el 18 de marzo de 1971 para Revista Gente. Gentileza Editorial Atlántida.

El hambre de aquel pibe de la calle -con una infancia llena de privaciones, transitada en distintos reformatorios, hogares transitorios y hasta el Penal de Devoto– va a estar presente a lo largo y a lo ancho de todo su arte.

El juglar de América

Precursor de la balada romántica en América latina, integrante de Los Cuatro Fantásticos -aquel póquer de ases que integró junto a Sandro, Palito Ortega y Leo Danfue por sobre todas las cosas un soñador. Uno que ofrece su corazón a las causas del amor, en cualquiera de sus acepciones.

Autodidacta absoluto e intuitivo por naturaleza, llevaba consigo las enseñanzas de su madre, Manuela del Carmen Olivera, actriz y guionista de radioteatros, cuyo nombre artístico era Laura Favio.

“Todo comenzó con los sueños de mi mamá -contó más de una vez-. Ella dirigía un grupo de radioteatro, “La Compañía Laura Favio”, y escribía para Buenos Aires”.

Gracias a ella debutó como actor de radioteatro en Radio El Mundo. Un tiempo antes, habían elegido juntos un nombre de fantasía. Él le “robó” su apellido artístico y Laura le sugirió Leonardo, por Da Vinci.

Un fotograma de "Crónica de un niño solo", la película fundacional de Leonardo Favio.


Un fotograma de «Crónica de un niño solo», la película fundacional de Leonardo Favio.

Pero fue a través de su tía materna, la actriz Elcira Olivera Garcés, que el pequeño Fuad hizo su primera aparición en cine, como parte del coro de niños de una escuela en una escena de la película Cuando en el cielo pasen lista (1945).

Tía Elcira no se quedó quieta y le consiguió su primer bolo (un pequeñísimo papel) en el filme El ángel de España, que narraba la vida del bailarín y cantante español Pedrito Rico.

“Yo tenía veinte años y aparecía como extra. Salía de la ventana de un bar y cuando pasaba Pedrito le gritaba: “Chau gallego!”. ¡Y eso era todo!”.

Pero eso no fue todo. Fue el comienzo de todo. Una vez más la mano de Elcira, oficiando de hada madrina (Favio le devolvería más tarde esos favores al convocarla para Crónica de un niño solo y Nazareno Cruz y el lobo, las palomas y los gritos, su título original), le otorgó otra chance.

Y al poco tiempo el actor Raúl Rossi le propuso protagonizar un capítulo de su película Todo el año es Navidad, (derivación del exitoso programa televisivo que se emitía por Canal 7 desde 1957). Allí lo vio Leopoldo Torre Nilsson, el más grande director cinematográfico argentino por esos años.

La suerte de Favio estaba sellada.

Leonardo Favio filmó una docena de películas con un sello personal.


Leonardo Favio filmó una docena de películas con un sello personal.

“Siempre fui un tipo con suerte –aseguraba- y la verdad que pedirle más a Dios sería una irreverencia absoluta. En la viña de la vida. yo probé de todos los vinos”.

El cine, su primer amor

Leonardo Favio conoció a una jovencísima y bella María Vaner (con quien tendría dos hijos: Luis María y Leonardo) durante el rodaje de El secuestrador (Torre Nilsson, 1958) y le mintió diciéndole que era director de cine, y que iba a filmar su primera película. Tenía una buena razón: se había enamorado perdidamente.

A mí me decían “El Analfa”, por analfabeto -le contó a su amigo Cacho Fontana-. Yo hacía ruido cuando tomaba sopa y en vez de decir “esté” decía “estéa”. Era muy, muy rata. Pero los otros actores eran rápidos y más cultos, y yo pensé que me podían robar a Marilin (Vaner), así que le fui con el cuento del director de cine para poder ganármela”.

Leonardo Favio, en la película en "Dar la cara".


Leonardo Favio, en la película en «Dar la cara».

Él y María se fueron a vivir entonces a una pensión, y para sostener aquella mentira se levantaba todos los días a las 7 de la mañana y le decía que se iba a estudiar montaje con Leopoldo Torre Nilsson. Inventos. Se iba a un bar a leer el diario y volvía al mediodía.

“Pero yo tenía miedo de que la cosa se descubriera y un día le digo a Leopoldo: “Si ella le pregunta, dígale que estoy estudiando con usted”. Y Babsy (apodo con que se conocía al director) me dice: “¿Por qué en vez de mentir no se dedica a estudiar cine?”. Torre Nilsson fue un padre, un hermano y quien me formó. Es el hombre que más he amado en mi vida”.

En un lapso de cinco años Torre Nilsson convocaría al actor para seis de sus producciones: El secuestrador (1958), Fin de fiesta (1960), La mano en la trampa (1961), La terraza (1963), El ojo que espía (1966) y Martín Fierro (1968).

Gian Franco Pagliaro y Carlos Monzón, en el filme de Leonardo Favio "Soñar soñar".


Gian Franco Pagliaro y Carlos Monzón, en el filme de Leonardo Favio «Soñar soñar».

Para entonces Favio ya había dirigido su primera película, Crónica de un niño sólo (1965). Previamente había realizado dos cortometrajes: El señor Fernández (1959, inconcluso, nunca estrenado) y El amigo (filmado en el parque de diversiones Italpark, de 1960).

Pero faltaba mucho más. Lejos de cualquier academicismo, y poniendo foco en la emoción de sus historias (generalmente pergeñadas junto a su hermano, Zuhair Jury) el mendocino irrumpe como un verdadero viento zonda, renovando el aire de un cine argentino que ya pedía cambios.

Este es el romance del Aniceto y la Francisca, de cómo quedó trunco, comenzó la tristeza y unas pocas cosas más… (1966)) le confiere su primer premio importante, un Cóndor de Plata a la mejor película de ese año. Pero establece además a Federico Luppi como gran actor dramático del cine argentino en su primer protagónico, un triángulo amoroso que se completaba con María Vaner y Elsa Daniel.

Sin embargo, será en El dependiente (1969) donde el director comienza a internarse profundamente en lo que luego se conocerá como “el realismo mágico de Favio”. Las escenas oníricas se entrelazan con situaciones cotidianas y muestran a una Graciela Borges casi desconocida, en una formidable interpretación.

La Borges recuerda así hoy al director y al amigo: “Hablar de Favio es bastante simple y a la vez complicado. Primero porque era una persona allegada a mi corazón, tan amigo de la vida. Nos conocimos cuando hicimos El Jefe (Fernando Ayala, 1958). Siempre fue emocionante estar con él. Nos hemos peleado como dos niños, nos hemos adorado como dos grandes…

Walter Vidarte y Graciela Borges en la película "El dependiente", de Leonardo Favio.


Walter Vidarte y Graciela Borges en la película «El dependiente», de Leonardo Favio.

«Su cine es único, la mirada de su cámara tiene una compasión sobre los personajes impresionante. Favio es alguien irrepetible en el cine argentino. La película El dependiente es tomada en Europa como una de las veinte mejores películas de todos los tiempos. Pero eso no importa. Importa todo lo que él hizo y dejó sin darse cuenta, mansamente, con el amor con que lo hacía….

«Lo extraño mucho, ir a su casa, grabar hasta la voz de Evita, que me pidió un día que hiciera porque se les había roto el cabezal de la máquina donde estaban los discursos que había hecho Evita en España. ¡Me los hizo aprender de memoria!”, finaliza Graciela Borges.

El cantor del pueblo

Leonardo Favio aprendió a tocar la guitarra cuando tenía ocho años, con un zapatero chileno que le enseñaba las canciones de Atahualpa Yupanqui a cambio de trabajo.

Cantar era parte de su vida íntima. Solía hacerlo en reuniones familiares o con amigos. Luego hasta se animó a ir de gira por diferentes provincias. Norberto Galasso afirma en su libro Leonardo Favio que “Cantaba en clubes de mala muerte, con piso de tierra, parroquianos borrachos que lo miraban raro y chicos que jugaban corriendo y tirando sillas”.

Leonardo Favio – O Quizás Simplemente Le Regale una Rosa (Official Audio)

Cinco años antes de su debut oficial como cantante escribió con Horacio Guarany Canción para mi niño solo, que El Potro grabó en su disco Cuando el grito se hace canto (1963).

Ya era famoso en cine cuando Eduardo Bergara Leumann le dio la primera oportunidad como cantante en La Botica del Ángel. Cuentan que ese mismo día un ejecutivo de la CBS le propuso grabar un disco. Su primer simple Quiero la libertad, publicado el 25 enero de 1968, resultó un fracaso estrepitoso.

Lejos de amedrentarse, el Turco redobló la apuesta y grabó Fuiste mía un verano y O quizás simplemente le regale una rosa. Dos de las canciones fetiche no sólo de su primer disco, (también titulado Fuiste mía un verano, editado el 26 de noviembre de 1968), sino de su carrera musical.

Leonardo Favio, con Elsa Daniel, en la película de Leopoldo Torre Nilsson "La mano en la trampa".


Leonardo Favio, con Elsa Daniel, en la película de Leopoldo Torre Nilsson «La mano en la trampa».

El fenómeno Favio cantante explotó de un día para otro. Llegó a vender 45.000 discos por día y su compañía discográfica tuvo que recurrir a EMI Odeón, la competencia, para abastecer semejante demanda.

De los 11 temas es inevitable referirse a Para saber como es la soledad (su versión del Tema de Pototo, de Almendra), con un recitado que dedicó a su amigo Carlos Raúl, fallecido cuando estaba terminando de grabar el disco.

"El amigo". Una captura del primer corto de Leonardo Favio, recuperado por los autores del libro.


«El amigo». Una captura del primer corto de Leonardo Favio, recuperado por los autores del libro.

La musa de su vida

Así como María Vaner estimuló sus comienzos cinematográficos, Zulema Carola Leyton, su segunda esposa, fue la constante inspiración. Esa muchacha de abril que lo enamoró apenas la vio entrar al bar porteño donde él tomaba un café. Nunca más se separaron.

Todas y cada una de las canciones de su primer álbum hacen referencia a la presencia de Carola en su vida. Desde el comienzo con Así es Carolita… (Con suficiente folclore como para que también la conozcan los turistas), pasando por Quiero aprender de memoria, O quizás simplemente le regale una rosa (la voz de ella en los coros), Fuiste mía un verano, Ni el clavel, ni la rosa, Ella ya me olvidó y Alguna vez una canción (Qué tal?).

Carola Leyton y Leonardo Favio. Él le dedicó, íntegro, su primer álbum.


Carola Leyton y Leonardo Favio. Él le dedicó, íntegro, su primer álbum.

Del brazo de Carola llegó a Chile en 1969, año en el que debutó en el Festival Internacional de la Canción de Viña del Mar, y a ella le siguió escribiendo otras canciones.

Ding Dong, son las cosas del amor (en dueto con ella) fue incluida en una escena de la película Fuiste mía un verano, una de las dos que protagonizó como cantante. Dirigida por Eduardo Calcagno se estrenó el 3 de julio de 1969, Favio hacía de Favio y lo acompañaban en el elenco Susana Giménez, Héctor Pellegrini, Emilio Disi, Nora Cullen, Beto Gianola, Walter Santa Ana y Carola, claro.

Simplemente una rosa, su segunda película musical fue dirigida por Emilio Vieyra, se estrenó el 2 de septiembre de 1971 y estuvo protagonizada por Favio junto a Erika Wallner, Ricardo Bauleo y Silvina Rada.

Con estas dos producciones, curiosamente las que muchos críticos prefieren obviar cuando hablan de su filmografía, Favio pasó a ser ídolo de multitudes.

DING DONG esas cosas del amor LEONARDO FAVIO 1969

Existen muchos mitos alrededor del artista. Uno de ellos es si llegó o no al canto urgido por la necesidad de dinero para producir su película El dependiente, ante la falta de apoyo económico del Instituto Nacional del Cine (INCAA).

Favio lo aclaró muchas veces: “La canción es una forma de expresión más directa que me pone en contacto cotidiano con el público. Yo canto porque me gusta, y si eso me produce dinero lo invertiré en mis películas o en lo que a mí me interese. Yo canto porque me gusta tanto o más que el cine”.

El INCAA, su talón de Aquiles

Rodolfo Bebán, en "Juan Moreira", una de las grandes películas de Leonardo Favio.


Rodolfo Bebán, en «Juan Moreira», una de las grandes películas de Leonardo Favio.

Cada vez que Leonardo Favio aparecía por el Instituto con un proyecto bajo el brazo sus directivos se agarraban la cabeza. No lo entendían, se le reían en la cara. Como aquella vez cuando estaba convencido de que el papel principal en Juan Moreira había que ofrecérselo a…¡Toshiro Mifune!

Pero Favio no estaba equivocado, por dos motivos.

Uno: el actor oriental, un japonés alto y de piel oscura, daba perfectamente el tipo de gaucho que el rol requería.

Y dos: Favio no era solamente un admirador del neorrealismo italiano, algo que demuestra en Soñar Soñar, sino que además era también fan del buen cine japonés, del director Akira Kurosawa y del actor-director Takeshi Kitano (comparar el final de Zatōichi, de este último, con Aniceto, último filme de Favio). Al no conseguir el dinero para traer a Mifune el candidato será entonces Rodolfo Bebán.

Su siguiente gran éxito masivo, Nazareno Cruz y el lobo (1975) se mantiene aún hoy como la segunda película más taquillera en la historia de nuestro cine, con casi 4 millones de espectadores, sólo superada por Relatos salvajes.

Los ojos de este Rey Midas casi analfabeto y de escasos recursos económicos (Crónica de un niño solo la terminó con el aporte en joyas de un amigo de profesión ladrón, créase o no) ven otra cosa, miran distinto, y por eso su cámara registra un cine diferente. Algo que ningún otro director consigue.

Juan José Camero y María Magalí, en "Nazareno Cruz y el lobo", de Leonardo Favio.


Juan José Camero y María Magalí, en «Nazareno Cruz y el lobo», de Leonardo Favio.

Diecisiete años pasarán sin que vuelva a filmar.

Durante la dictadura militar, la música fue su refugio.

Prohibido por el gobierno de facto, en 1977 partió al exilio. Vivió en México y regresó en 1979 a Las Catitas, esperando que le renovaran su pasaporte. Cuando lo consiguió viajó a Colombia y allí se quedó por diez años.

Fue en ese país donde conoció a Pablo Escobar Gaviria, para Favio un admirador más que quería sus discos autografiados. Muchos años después supo que había compartido un café con el jefe del Cartel de Medellín.

Favio junto con Carola y sus hijos Salomé y Nicolás regresaron a la Argentina en 1987.

Leonardo Favio, como actor, junto a Ricardo Bauleo, en la película "Simplemente una rosa".


Leonardo Favio, como actor, junto a Ricardo Bauleo, en la película «Simplemente una rosa».

Pero volver al cine le tomaría seis años más. Fue cuando a instancias de Edgardo Nieva, por una idea del padre del actor, decide filmar Gatica, el mono. Su propia y amorosa visión del peronismo.

El siguiente proyecto será de una dimensión monumental.

Comienza cuando el entonces gobernador de la provincia Eduardo Duhalde le encarga, en 1994, un documental por los 50 años del peronismo.

Favio conocía personalmente a Perón y se habían hecho amigos a comienzos de los años ’70, cuando el cantante debutó en Madrid: “Esa noche se acercaron a mi camarín Isabel Perón y López Rega. Isabel me dijo: Lo va tener que disculpar al General porque él se acuesta temprano. De todos modos, está invitado a venir mañana a casa… Al otro día llegué como quince minutos tarde. ¿Qué si hablamos de política en aquella oportunidad?. No, no, ¿quién puede hablar de política con Perón? Hablamos de sus perritos, los caniches…”.

También estuvo en el regreso de Perón a la Argentina, en 1973. Y fue el locutor en el Palco de Ezeiza. Aún se recuerda su frase cuando se produjo el enfrentamiento entre grupos del peronismo: «Les ruego a los peronistas que no hagan uso de las armas«.

Peronista. Leonardo Favio militó por las ideas de Juan Domingo Perón e hizo un filme monumental sobre él.


Peronista. Leonardo Favio militó por las ideas de Juan Domingo Perón e hizo un filme monumental sobre él.

Perón, sinfonía del sentimiento se convirtió en su obsesión durante cinco años, y en sus casi seis horas de duración incluye escenas nunca antes vistas del bombardeo a la Plaza de Mayo (16 de junio de 1955). La película documental, dividida en dos partes de 13 episodios cada una, no se estrenó en cines comerciales, sino que fue emitida en forma abierta por televisión y exhibida en distintos encuentros partidarios y culturales.

Paralelamente, y opuesto a lo que muchos sostienen, Favio mantenía intactas sus inquietudes de cantante. En esos años editaría el álbum Me miró (1997), y volvió por tercera vez al Festival de Viña del Mar (donde ya había estado en 1969 y en 1981).

Romántico a morir (2001), su último disco, incluye canciones de sus shows en vivo en el Teatro Gran Rex en 1999 y de un recital que brindó en el estudio mayor de Crónica TV, con mariachis incluidos, donde presentó un repertorio renovado: como Sirva vino cantinero (canción de su autoría), la ranchera mexicana Adelita y el tango de Caruso y Canaro La última copa.

Para entonces la salud de Leonardo Favio ya había empezado a flaquear.

Habrá tiempo sin embargo para un último opus. La reescritura de Aniceto (2006) propone, bajo la excusa de un drama musical interpretado por Hernán Piquín, Natalia Pelayo y Alejandra Baldoni, un recorrido por la belleza de las artes que desde siempre lo deslumbraron: la danza, la música, la pintura, la fotografía, la escultura.

Leonardo Favio grabó 16 discos. No solo habló del amor, sino que profundizó su mirada social y costumbrista en canciones como Chiquillada (o Pantalón cortito) del uruguayo José Carbajal, que incluyó en su álbum Hola Che, de 1973.

“Mis canciones hicieron milagros, hablan idiomas que yo ignoro. Han sido traducidas al francés, al hebreo… ¿Cómo no voy a amar la profesión de la canción o cómo voy a renunciar a ella que me permite seguir en la pelea?”.

Leonardo Favio, con su bandana y dando órdenes en una filmación.


Leonardo Favio, con su bandana y dando órdenes en una filmación.

No le gustaba que le dijeran artista, prefería que lo llamaran trabajador de la cultura. El “Juglar de América”, exponente de la canción sincera y un cineasta de otro planeta. Dejó un legado enorme, entre ellos la coherencia.

Preguntado sobre su réquiem simplemente dijo: “Cuando me muera los diarios argentinos van a decir ‘murió el famoso director de cine’, pero los diarios latinoamericanos dirán que murió el autor de Ella ya me olvidó”.

Fuad Jorge Jury Olivera murió de neumonía a los 74 años, el 5 de noviembre de 2012.

El velorio y el entierro fueron multitudinarios. Todo un pueblo concurrió a despedirlo. Todos menos un pequeño grupo de marginales que se limitó a mirar de lejos: un niño pobre, un empleado de ferretería, un gaucho mal entretenido, un lobizón, un boxeador en decadencia y una muchacha con una rosa en la mano dijeron, en declaraciones exclusivas para Clarín, que el tal Favio no había muerto.

Dolor popular, en el velatorio de Leonardo Favio en el Congreso de la Nacion. Foto: Emiliana MIguelez


Dolor popular, en el velatorio de Leonardo Favio en el Congreso de la Nacion. Foto: Emiliana MIguelez

Que Leonardo Favio no va a morir jamás.

Porque, de verdad, ¿cómo podría “La Ternura” morir alguna vez?

WD

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