sábado, febrero 4

El Frente de Todos discute cómo cosechar votos sin Cristina Kirchner en la boleta | Una “nueva etapa” con más presencia en las calles



El renunciamiento de Cristina Fernández de Kirchner fue un sacudón, una patada al tablero político. Con gran parte del ecosistema K todavía navegando entre la sorpresa y amargura, el Frente de Todos tiene por delante el trabajoso desafío de reorganizar toda su estrategia electoral y política de cara al 2023. La dirigencia peronista está convencida de que «los votos de Cristina son de ella y no se traspolan», por lo que su ausencia física en la boleta abre un nuevo capítulo de especulaciones sobre cómo hacer para llenar ese vacío. El mensaje que la vicepresidenta dejó en Ensenada, apenas unas horas después de que se conociera el fallo condenatorio, resuena con fuerza en los oídos de la tropa cristinista: «Ahora todo el mundo tiene que hacerse cargo». Esta idea de «ponerse a trabajar», de «tomar el bastón de mariscal» y abandonar la «comodidad» que proporcionaba el caudal de votos asegurados por CFK, se extiende con velocidad por la dirigencia peronista (en algunos como mandato, en otros como recriminación interna).

Lo dijo CFK en uno de sus alegatos finales de la causa Vialidad y lo repiten todos ahora: «No vienen por Cristina, vienen por todos nosotros». La única consigna que la vicepresidenta dejó esa noche del «Día D» en Ensenada – cuando se reunió a comer un asado con dirigentes de su círculo más íntimo – fue que toda la dirigencia saliera a explicar, a comunicar sobre la gravedad del fallo y el accionar de la «mafia judicial» englobada en el escándalo de los chats de Lago Escondido. «Entre partido y partido del Mundial tenemos que hacerle comprender a la ciudadanía lo que está en juego. Que esta mafia judicial no viene solo a joderle la vida a Cristina, sino que es la que decide todos los días cómo vamos a vivir, la que siempre está inclinando la cancha para el mismo lado cuando tenés que llenar el changuito del supermercado o pagar el cable», reflexionó un funcionario nacional. 

«En nuestro espacio político hay un silencio muy fuerte hace tiempo, pero tenemos que hacer un esfuerzo porque el silencio es cómplice de las peores situaciones. Hay que hablar de ‘lawfare’ aunque el tema no entre las tres prioridades de las encuestas», admitió una importante dirigenta bonaerense, que observa con preocupación las repercusiones que tendrá en la Provincia la ausencia de Cristina en la boleta. «El riesgo es altísimo, pero por eso tenemos que esforzarnos todos los dirigentes en ver cómo conjugar todas las fuerzas para armar una propuesta política».

En el círculo más cercano de la vicepresidenta, además de angustia, hay mucha amargura. Más de una referenta atiza contra los «compañeros que estaban muy cómodos» con el caudal de votos automáticos que arrastraba CFK. «Ahora es el resto el que tiene que estar a la altura», sostiene, con bronca, una dirigenta bonaerense que dialoga todos los días con la ex presidenta. La intendenta Mayra Mendoza, fiel soldada de CFK y una de las personas que la acompañó el día de la sentencia, lo resumió en una entrevista con Radio Con Vos: «No le podemos pedir más a ella. Hay muchos dirigentes políticos dentro de este frente al que pertenecemos que se quedaban tranquilos con la posibilidad de que Cristina fuera candidata. Hay que dejar de pedirle y de vivir de los beneficios que tiene Cristina en términos electorales».

Hay, también, una percepción generalizada de que a CFK se la dejó «muy sola». «¿Cómo puede ser que teniendo un gobierno nacional, senadores, intendentes y gobernadores, no hayamos podido organizar algún tipo de acción para impedir esta condena? Porque si, teniendo todo eso, Clarín y 15 jueces siguen manejando los destinos de la Nación es que algo estamos haciendo mal», despotricó un intendente cercano a la vice. En este contexto, se descuenta que el camino al 2023 estará pavimentado por la radicalización de un sector del kirchnerismo. Para la mayoría, la condena – fundamentalmente la inhabilitación a ocupar cargos públicos – marcó un antes y un después (para el gobierno, el peronismo y la democracia en general). Se abre, así, una «nueva etapa», en el que deberán cobrar mayor protagonismo la movilización de sindicatos y fuerzas sociales y políticas.

La danza de nombres

Con su paso al costado, CFK reanudó – con mayor intensidad – la danza de nombres a ocupar el sillón de Casa Rosada. Hay dos caminos posibles: que aparezca un candidato fuerte – léase: Sergio Massa – que logre vender una mejora en la gestión y que cuente con el respaldo de los principales socios de la coalición, desde CFK y Alberto Fernández, pasando también por los gobernadores; o que haya una PASO. Allí el FdT apostará a que los votos que no vienen de la mano de una figura con peso político propio (como CFK) puedan hacerlo de la mano de una competencia interna. En La Cámpora ya barajan algunos nombres, como Eduardo «Wado» De Pedro o Axel Kicillof. «Salir de la configuración Cristina te permite generar un recambio generacional y ella lo sabe», sostuvo un sindicalista cercano a Máximo Kirchner.

El kirchnerismo, sin embargo, sigue de duelo y más de uno se resiste a su renunciamiento. «Yo respeto la decisión de Cristina, pero el pueblo va a salir a pedir que ella sea candidata», afirmó otro dirigente sindical del cosmos K. La mayoría niega, sin embargo, que pueda resurgir otro operativo clamor. Andrés «Cuervo» Larroque, uno de los principales impulsores de su candidatura (incluso cuando ella ya deslizaba que no iba a competir), dio a entender en varias entrevistas que la decisión de la vice era «terminante». 

La otra variable a analizar es Alberto Fernández. Si bien el kirchnerismo lo vetó hace meses, el presidente se resiste a bajar su candidatura, aunque el renunciamiento de CFK abre un nuevo panorama. «No estoy pensando en la reelección», le dijo hace un par de días al Financial Times. Según indican en su entorno, el presidente se abocará en los próximos meses a reforzar su agenda de gestión, vinculada a la inflación, la economía y la relación con los gobernadores y la región. Ya nadie fantasea, sin embargo, con que Alberto y Cristina retomen el diálogo. Sí se verán las caras, por primera vez en mucho tiempo, el lunes 19 en el encuentro del Grupo de Puebla en el CCK. Encuentro que será, además, el primer acto masivo con movilización desde la condena a la vicepresidenta.

Más allá del juego de nombres, todas las patas de la coalición coinciden en algo: el renunciamiento de CFK no significa que dejará de tener la botonera. «Ella renunció a ser candidata, no a la lucha. Delegó la cinta de capitán y se puso por arriba, conduciendo como técnica del equipo», resumió un dirigente bonaerense.



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