09.02.2026

Gallardo, el déjà vu y los fueros :: Olé


Aunque Marcelo Gallardo predique esperanza para que sus feligreses no caigan en la tentación de linkear el papelón ante Tigre con los tantísimos bochornos 2025, las palabras de MG suenan vacías frente al sobrepeso de la realidad. El DT, cuya bien ganada caparazón aún lo protege de los efectos de una goleada sacatécnicos como la del sábado, deberá atender con preocupación cuán rápido su equipo absorbió los vicios más nocivos del peor año de su gestión: aunque lo fastidien las comparaciones, el juego de los parecidos ofrece inagotables opciones para hacer match.

River recibió un aplazo en un examen del que conocía casi todas las respuestas: como si no hubiera alcanzado el tape de los 90’ del triunfo de Tigre ante Racing, el propio Dabove había anticipado que imaginaba un trámite mellizo del 3-1 en Victoria. Pero Gallardo no la vio. Y, así, ese híbrido que mezcló un mínimo de identidad actual (algo de presión y circulación) hasta el 0-1 se derrumbó sobre la lona ante el primer cross de un adversario del que conocía cómo pegaba: alcanzaba con no tener la guardia baja ni ofrecer hectáreas aprovechables por Romero y Russo para no quedar tan (pero tan) expuesto.

Lo sencillo que era preverlo llama tanto la atención como la velocidad con la que en River regresó la sensación de que la única solución está en Ezeiza: en los cambios que se realicen en el Camp y afecten el concepto colectivo y la conformación. Porque Matías Viña pasó de jugar dos fechas prometedoras a refrendar por qué había perdido el puesto en Flamengo.

El saludo de Gallardo y Dabove.
Fotobaires
El saludo de Gallardo y Dabove.
Fotobaires

Porque, en la misma línea, Aníbal Moreno mutó de ser el mejor 5 desde Enzo Pérez a dar un letal e inexplicable pase hacia el medio. Porque quienes habían dado indicios de relanzamiento (Rivero o MQ entre ellos) fueron devorados por ese hoyo negro de la endeblez. Porque al salir al mercado, además, se subestimó la gravísima carencia de gol de los delanteros (entre todos suman 46 partidos sin gritos). Porque urge dentro de la cancha un caudillo que despabile e inyecte rebeldía cuando todavía arde el primer sopapo.

El almanaque todavía ofrece revancha a River. De Gallardo depende aprovecharla antes de que hasta él dilapide sus fueros.

La palabra de Gallardo tras la caída con Tigre



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