viernes, enero 27

Giuliano Granato: «Hay que volver a reconstruir un tejido social en Italia» | Portavoz nacional del partido de izquierda Poder al Pueblo



“El viejo mundo se está muriendo, en este claroscuro nace el monstruo” escribió Antonio Gramsci, y hasta hace poco tiempo atrás, el Museo Nacional de las Artes del Siglo XXI, en Roma, regalaba láminas con esta frase, ciudad donde Giorgia Meloni – flamante primera ministra de Italia- desarrolló su carrera política. Giuliano Granato, en cambio, nació y se crio en Nápoles “El sur de Italia, es cómo América Latina” dice. Se licenció en Relaciones Internacionales y cuenta con una tesis sobre José Carlos Maritiague. Desde adolescente fue parte de las diversas protestas sociales, algunas de ellas tan famosas como la contra cumbre del G8 en Génova del 2001. Ahora, junto a su compañera de fórmula Marta Collot, lleva la voz política de Potere al Popolo (Poder al Pueblo), una formación de izquierda que tiene sus inicios en 2016 en Napolés, Italia. 

Siempre articulando de modo horizontal con el resto de sus compañeros/as y de las personas que se van adhiriendo a este nuevo partido político que tiene como principal objetivo la concientización sobre los derechos sociales, la distribución de la riqueza y la inclusión, una tarea nada sencilla, en una Italia dónde el bloque político de ultraderecha formado por La lega (La Liga), Fratelli d’Italia (Hermanos de Italia) y Forza Italia (Fuerza Italia), acaban de armar gobierno. En esta entrevista, Granato, excandidato parlamentario, reflexiona y analiza el pasado, el presente y el futuro inmediato de una Italia que dejó a un lado formas inclusivas de pensar un Estado.

– ¿Cómo y cuándo nace Potere al Popolo?

– Las personas que somos parte de este partido político de izquierda venimos de las construcciones políticas que se dan en las luchas sociales territoriales. Lo fundamos en noviembre del 2017 en la ciudad de Nápoles y decidimos postularnos a las elecciones generales de marzo del 2018. No lo hicimos solos, articulamos con varios movimientos políticos sociales y otros partidos de izquierda, también, colectivos y personas que se adhirieron a nuestro proyecto. Si bien no logramos ingresar al Parlamento Nacional (no lo vimos como una derrota, sino como un comienzo) esta postulación la utilizamos como instrumento nacional para repuntar nuestra visibilidad y así fue.

-Ante una Italia que actualmente empezó a gobernar un bloque político de extrema derecha y dónde el 63,9 % de la sociedad no votó ¿Cuáles crees que deberían ser las nuevas construcciones políticas territoriales de las nuevas izquierdas italianas?

– En Italia jamás sucedió semejante abstención. Cabe señalar, que con los años cambió el perfil y la franja etaria de quién va a votar. En los años 90 las personas que más votaban eran los y las jóvenes, ahora es lo opuesto y responde a las propuestas electorales. Las fragmentaciones sociales que actualmente existen en Italia nos alertan que hay que volver a reconstruir un tejido social. En Italia existió una fuerte clase obrera homogénea que respondía a intereses sociales inclusivos y democráticos. Actualmente la realidad social funciona de una forma muy diferente: esta fragmentación social existe en los espacios laborales, en los comportamientos individuales y además, en las formas de contratación laboral. Italia tiene una variedad importante y sostenida de contratos laborales altamente precarizados. Nuestra fuerza política apunta a construir una concientización en el territorio para reconstruir ese tejido social perdido.

-¿Cómo se logra ese objetivo?

– Potere al Popolo intenta reinventar modelos históricos de algunos movimientos obreros italianos. Por ejemplo, hemos abierto más de treinta Case del Popolo (Centros de asistencia comunitaria) en dónde se organizan muchas actividades comunitarias. Brindamos servicios de salud, deportes, formación política, alfabetización a inmigrantes, etc. Entendemos que a las personas hay que darles posibilidades para que puedan darse cuenta que son capaces de desarrollarse. Por ejemplo, hemos construido algunas clínicas populares y en ese hacer las personas que ayudaron a construirla, lograron darse cuenta del valor de su trabajo. A la clínica popular en Nápoles, por ejemplo, cada año asisten alrededor de 3000 personas de forma gratuita. También tuvimos una fuerte presencia acompañando y brindando nuestra ayuda a las personas despedidas de las empresas Whirlpool, GKN en Firenze o Wartsila en Trieste.

-¿Qué se espera de las políticas del actual gobierno armado por los partidos políticos de la ultraderecha italiana?

– Hay dos modificaciones que cambiarían el perfil de Italia. Podría haber un pacto entre Fratelli d’Italia, el partido de Giorgia Meloni y el partido La Lega de Matteo Salvini a favor de una reforma constitucional que transforme el sistema de la república parlamentaria italiana en una república presidencial. Este proyecto lo que generaría sería desarmar el histórico proyecto de los padres constituyentes que fue capaz de diseñar pesos y contrapesos. En los últimos 20 años, se han introducido elementos del federalismo, de descentralización, pero solo han llevado a un aumento de las desigualdades internas. Por ejemplo, Italia tiene el Ministerio de Salud pública, pero existen 20 sistemas de salud diferentes; dependiendo en qué región estés, el sistema es mejor que otro y también, mejores modelos de atención. En las regiones del sur, están devastadas, por eso muchas personas viajan al norte a atenderse, esta problemática cada vez se profundizará más.

-¿Qué sucede con los partidos políticos de izquierda tradicionales?

– El actual Partido Democrático es el resultado de la confluencia de los post comunistas y de muchos post-DC (Democracia Cristiana) y las políticas que persiguen son liberales y en términos de políticas exteriores se alinea con la OTAN. Se podría decir que tiene cierta similitud con los demócratas estadounidenses: poca fuerza socialdemócrata y mucha fuerza liberal. Los partidos de izquierda que existen en Italia, tienen una gran fragmentación (típica, también de otros países): de la implosión del Partido Comunista Italiano surgió el Partito de la Refundación Comunista (PRC). A finales de la década de 1990 y principios del 2000 desempeñaron un papel importante. Pero desde 2006 están fuera de las instituciones parlamentarias nacionales; esto responde a que pagan el precio de haberse aliado con el «centro-izquierda» y de haber participado en gobiernos del Partido Demócrata sin conseguir desplazar el eje de la coalición hacia la izquierda. Hoy se reducen a testimonios; son partidos con militantes que suelen ser adultos mayores y con poca capacidad de incidir en la realidad. Nosotros/as, por el contrario, tenemos una militancia muy joven. De unos 4.000 miembros, la mayoría tenemos entre 15 y 40 años.

-¿La participación de los jóvenes en la política italiana es activa?

– Los jóvenes no tienen confianza en las propuestas de los partidos políticos tradicionales y en la posibilidad de que el sistema responda a sus necesidades básicas, esta es una de las razones por las cuales no votan. Nosotros/as también éramos parte de esa abstención, por eso formamos nuestro propio partido político. Sin embargo, sí hay una lucha social y sensibilidad por ciertas problemáticas en derechos humanos, medio ambiente, comunidad LGTBIQ* y sobre todo en los últimos años, luego de la pandemia, una profunda atención en la salud mental. Todas estas problemáticas no tienen respuestas serias en las agendas de los partidos políticos actuales.

-En la actualidad, ¿Cómo es la situación laboral en Italia?

-Las desigualdades estallaron. En Italia hay un índice de 5,6 millones de personas (28,5%) que viven en la pobreza absoluta y tenemos alrededor de un  11,7% % de desocupación (Eurostat). El gobierno destina al año 8.000 millones de euros para la renta básica universal y esto generó que un millón de personas no caiga en la indigencia. Sin embargo, esta renta siempre es atacada por gran parte de la derecha y también por la izquierda liberal. Uno de los proyectos  de Giorgia Meloni es reducirlo y cierta parte de esos fondos (2 o 3 millones euros) derivarlos a los sectores empresariales a modo de “incentivos”, olvidando que cada año Italia gasta 20.000 millones de euros (casi 3 veces sus ingresos) en incentivos para generar empleo: precario, de medio jornada y con salarios muy bajos. Para llevarlo a números más concretos, 3,5 millones de trabajadores no tienen un trabajo en blanco, incluso en los sectores formales tenemos salarios muy bajos: un trabajador de limpieza que trabaja en los hospitales públicos gana 6,5 euros por hora. También sucede que las contrataciones son muy inestables, incluso cuando el salario por hora (10 euros) es digamos suficiente, aunque bajo.

-¿Cómo está viviendo la sociedad italiana su 10 % de inflación?, ¿Se plantean subas de salarios?

-Este 10 % siente bastante en las facturas de luz y gas, como también, en la canasta básica alimentaria. Sabemos que este índice inflacionario (nuevo para muchas personas de mi generación) sucede por diversas cadenas económicas internacionales que se fueron rompiendo: primero la pandemia y ahora la guerra. De momento, no se discute una suba de salario, sino todo lo contrario. Cotidianamente en los medios de comunicación presenciamos discusiones en contra de una suba salarial con el argumento de que esto generaría más inflación y lamentablemente nuestros sindicatos suelen pactar con la línea económica liberal del gobierno italiano. No sabemos qué puede llegar a pasar con el termómetro social, aún las personas no se están movilizando, no masivamente como sucedió hace algunos días atrás en Francia.

-Se habla bastante de la suba en las boletas de luz, ¿De qué monto en general estamos hablando?

– Las boletas de luz han aumentado entre un 400 o 500 % para las empresas y ya se está viendo cómo van cerrando. En las casas, antes llegaban facturas de un promedio de 100 euros por mes, ahora el costo es alrededor de 300 euros o más.



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