martes, febrero 7

Inés Estévez es la nueva dama del jazz, la música que marcó su infancia


Desde hace algunos años, la cantante y actriz Inés Estévez está atravesando un momento excepcional dentro del ámbito del jazz. A tal punto que fue convocada para ser una de las protagonistas del Festival Summertime, que reúne a grandes exponentes del género, incluso artistas internacionales.

Los turnos de la cantante blonda de ojos claros son dos: el sábado 21 y el 5 de febrero, sobre el escenario de Bebop (Uriarte 1658), en Palermo. Y ella celebra estos acontecimientos, además de los halagos de propios y ajenos dentro del ámbito musical.

Inés acaba de regresar de Uruguay. Anda de un lado para el otro: cuestiones familiares, ensayos y un sinfín de actividades que la tienen atareada. Sin embargo, se toma su tiempo para conversar con Clarín acerca de su vida: pasado, presente e incluso futuro, sin esquivar respuesta alguna.

Apenas empieza a contar lo suyo, enseguida se trasluce que se trata de una persona que piensa minuciosamente sus proyectos y no toma decisiones a la ligera.

La actriz rememora su infancia en Dolores, con el jazz sonando de fondo. Foto: Jimena Ambrosioni


La actriz rememora su infancia en Dolores, con el jazz sonando de fondo. Foto: Jimena Ambrosioni

“En lo profesional estoy redefiniendo rumbos, espaciando las presentaciones musicales y buscando un sonido propio con miras a un segundo disco. En lo actoral estoy evaluando dos proyectos teatrales que se superponen, lo cual me pone en conflicto porque desearía hacer ambos, también me quita tiempo para la música porque ambos funcionan de noche”, narra acerca de su actualidad.

Una vida musicalizada por el jazz

Detrás de haberse lanzado como vocalista de una orquesta de jazz, existen antecedentes entre ella y el canto a lo largo de su vida, desde muy jovencita.

“Estudié canto lírico como un modo de adquirir apoyatura respiratoria, tanto para el escenario como para el canto, era la cantante de una banda de funk y sentía que mi voz era muy chiquita para ese contexto”, señala.

Aunque su familia, en Dolores, ciudad en la provincia de Buenos Aires donde nació y se crió, también mucho tuvo que ver a la hora de influir en ella.

"Bailaba con mi viejo temas de Tony Bennet", comparte Estévez. Foto: Alejandra López


«Bailaba con mi viejo temas de Tony Bennet», comparte Estévez. Foto: Alejandra López

“En mi casa se escuchaba mucho jazz, mi padre tocaba piano y contrabajo de oído; cantaba jazz con un grupo de amigos. Yo tenía 8 años y silbaba arreglos de trompeta de Louis Amstrong y bailaba con mi viejo temas de Tonny Bennet, melancolizándome con Billie Holiday y alucinando con Aretha Franklin, que llegó del lado de un hermano Dj, junto con todo el soul y el funk”, revela.

Por otra parte, asume que la influencia de su madre fue sustancial, incluso desde lo visual.

“Mi mamá escuchaba ópera en la radio y chanson francesa en el Winco. Yo estudié danza desde los 4 años, así que me sentaba a escuchar música clásica y a emocionarme con ese mundo. Mucho bagaje musical sin orientación ni instrucciones. ¡A libre demanda! Fue algo que agradezco haber tenido al alcance de la mano. Me nutrió en lo absoluto”.

Papá y mamá eran personas de clase media esforzada, con historias personales de infancias similares: padres muertos tempranamente y madres solas. Mi madre era profesora de francés y trabajaba en cinco escuelas diferentes, una era nocturna y ahí enseñaba mecanografía. Mi padre era oficinista en Obras Sanitarias y también hacia tareas de secretaría en un juzgado, en un club social, en una escribanía. Nada alcanzaba para sostener esa familia de seis que éramos. Mi casa de la infancia era alquilada y muy pequeña”, rememora.

De chica quería ser bailarina, de grande se convirtió en actriz... y cantante. Foto: Osiris Martí.


De chica quería ser bailarina, de grande se convirtió en actriz… y cantante. Foto: Osiris Martí.

Por otra parte señala algo inesperado para cualquier admirador suyo en el terreno actoral: “No soñaba con ser actriz. Nunca lo hice. Eso vino después, más que nada por la imposibilidad de haber plasmado mis verdaderas vocaciones. Mis inclinaciones eran la música y los libros. Mi vocación inicial fue la danza”.

De Dolores a «la capital»

Con 18 años, Estévez llegó a Buenos Aires y todo comenzó a rodar vertiginosamente, en busca de un futuro distinto al que le proponía su ciudad de origen.

Llegué a Buenos Aires huyendo hacia adelante, el tedio de un pueblo sin recursos para desarrollar cualquier tipo de arte era desconsolador”, sintetiza, apenada.

Se presenta en Bebop este sábado y el 5 de febrero. Foto: Jimena Ambrosioni.


Se presenta en Bebop este sábado y el 5 de febrero. Foto: Jimena Ambrosioni.

Con el paso de los años, llegó la popularidad, acompañada de éxitos e incluso premiaciones, pero que ella valora como momentos bisagra en su ardua trayectoria.

Los momentos trascendentales suelen coincidir con premios. El ACE por El Diluvio que viene, que coincidió con el estreno de Matar al Abuelito, una película con la que gané mi primer Cóndor de Plata y el Premio a la mejor actriz en Biarritz, y Zona de riesgo, que me valió una nominación al Martin Fierro. Todo eso confluyó en un mismo año después de 7 de remo”, enumera.

Jimena Soria (Estévez), la hija de María Elena (Leonor Manso), dupla imbatible de "Vulvnerables".


Jimena Soria (Estévez), la hija de María Elena (Leonor Manso), dupla imbatible de «Vulvnerables».

Luego suspira, piensa unos segundos y prosigue: “También Vulnerables, como un momento bisagra, con dos Martin Fierro consecutivos. O el año en que volví a actuar después de nueve de ausencia. En 2014 con El Misterio de la Felicidad. Y, en 2018, año en que hice El maestro. ¿Algo alucinante? Un año antes, cuando me lancé con mi banda, cuando giré con la música por Uruguay y Argentina además de sacar el disco que fue nominado a los Gardel”.

La mamá de Cielo y Vida

Los días de Inés son intensos por varias razones: por este tiempo, su madre no se encuentra bien de salud y, según lo relata, está en estado terminal.

Mi madre está atravesando sus últimos momentos y eso supone una remoción de cimientos importante. PAMI cubre algunas cosas. IOMA poco y nada. Ella está en su casa bien cuidada, pero pensamos que un anciano en su estado, que no tiene hijos ni recursos, y que no llega a complicaciones orgánicas que lo deriven a un centro de salud, ¿cómo hace? La vejez en este sistema es cruel”, describe y analiza la situación.

Pese a este momento difícil que le toca afrontar como hija, tampoco puede descuidar la familia que conformó cuando adoptó a sus dos hijas, Cielo y Vida, que cuentan con retrasos madurativos y requieren atención constante.

Habla de la decisión de adoptarlas, cuando aún era pareja de Fabián Vena.

Fue muy natural. Siempre barajé esa idea desde mucho antes de decidir ser madre. Me parece lógico recibir niños ya nacidos que no tienen quién los cuide”, recalca Estévez.

Luego suspira y las describe a corazón abierto, tal como lo madraza que es.

“Son como sus nombres indican: Vida es rotunda, concreta, súper vital, es la alegría de la existencia, irradia acción y entusiasmo. Cielo es etérea, bella, dulce, suave y misteriosa”.

Cuando trascendió lo de la adopción, también se hicieron eco en los medios de comunicación los inconvenientes legales para la llegada de las niñas. Sin embargo, todo se acomodó un par de años más tarde.

“No lo resolvimos nosotros, sino la ley. Adoptamos por derecha e hicimos todos los pasos pertinentes. Aún así las nenas llegaron dos años y medio más tarde de ese tramiterío. Y no demoraron más porque nos anotamos para hermanos de hasta 8 o 9 años con enfermedades tratables o reversibles: los niños que generalmente nadie quiere adoptar», recuerda.

«El sistema es muy fallido, el concepto de adopción también lo es, y la gente que cree que un hijo biológico le garantiza un buen vinculo y ningún traspié de salud no entendió que un pibe no es un plan personal ni un remedio para las propias carencias. ¡Un hijo es una responsabilidad gratificante!”, enfatiza.

En cierta forma, parte de las declaraciones de Inés son un extendido de sus vivencias a través de redes sociales, donde suele escribir a menudo. ¿Acaso una especie de catarsis?

Su relación con las redes sociales

“Solo escribo en redes cuando creo que suma. O para defenderme de alguna postura destructiva o inexacta. Soy una firme defensora de la verdad. La verdad es inapelable. Suelo manifestarme con lucidez, a veces intento ser elegante y otras veces le aplico un poco de humor, así que lo que recibo es respeto, incluso cuando no adhieren”, acota.

A su vez, las redes sociales suelen ser un espacio en el que la actriz y cantante de jazz saca a relucir temáticas como el feminismo y el empoderamiento, temas tan en boga en la sociedad.

Lo de la mujer empoderada es relativo, todas estamos luchando unidas por derribar injusticias sociales que nos condenan a mayores o menores desigualdades. En Irán matan mujeres por llevar o no un trapo en la cabeza, en África le cortan el clítoris a los 6 años y acá violan, torturan y matan todos los días. Lo que llaman empoderamiento no es más que una resistencia a esas atrocidades”.

Y después añade lo siguiente, como para redondear su pensamiento: “En algún momento expresé que ser feminista es una urgencia, no una elección, y eso se desprende del flagelo del mandato social. Porque enterrar una mujer hasta el cuello y matarla a pedradas acusándola de infidelidad no es injusticia, es flagelo”.

Otros proyectos en mente

Además de dedicarse a la actuación y al canto, Inés escribe poemas -es autora de un poemario llamado Desesperamor– y otra parte de su tiempo lo dedica a la docencia actoral, como otra fuente de ingresos.

“Sigo sin el tiempo que desearía para sentarme a escribir mi próximo libro, y también pergeñando el armado de una escuela integral de actuación: siempre ofrecí seminarios intensivos, pero ya se impone armar una estructura más acabada”, asume.

Respecto de su rol como educadora actoral, revela que cuenta con un método propio, nunca antes visto.

“Lo baso en mi experiencia profesional, porque al no tener recursos no pude estudiar, pero me formé trabajando. Es muy eficaz y de fácil abordaje. La gente se transforma después de pasar por las clases, hay un enfoque educativo que echa por tierra la verticalidad, el rigor, el juicio crítico y la calificación”.

Por otra parte, recalca que le agradaría volver al rol de directora de una obra, pero a su vez admite que los días tienen solo veinticuatro horas.

Todo está algo postergado por mi maternidad, que es un tanto esforzada, pero nada es imposible. He trabajado mucho desde que fui madre y es cuestión de organizarse simplemente”, aclara la jazzera.

-¿Cómo serán tus shows dentro del Festival Summertime?

-En esta oportunidad el pianista original y alma mater de la banda se suma en la fecha de febrero, y este sábado incorporamos a Ornella Contreras, una pianista de jazz que con solo 20 años la está rompiendo. Voy con contrabajo, batería y guitarra, además del piano, y no descarto invitados sorpresa.

Cuenta que «tenemos un repertorio que une el jazz con otros géneros populares y siempre la noche se convierte en una fiesta. Cantar es conectivo y la música es elevadora, por lo menos para mí es así.

Mirá también



Source link

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *