viernes, enero 27

Julián Álvarez tiene su calle y la gente, felicidad | Un recorrido por diferentes miradas sobre el gran Mundial argentino



Hay un país que sueña con un triunfo más, el último, para llegar al tercer campeonato del mundo. ¿Será posible el domingo que viene? ¿Ganaremos la final de Qatar? ¿Se cerrará el círculo iniciado por Diego Maradona y continuado por Lionel Messi? Ojalá que sí. Que queden a mano: que los dos sean campeones del mundo así se termina la estéril discusión de quién es el mejor. Que entendamos, de una buena vez, que no es uno u otro sino ambos. Que tanto Diego como Lionel, con sus más y sus menos, hicieron y hacen felices a la gente.

Hay fotos, memes o como quieran llamarlos que no paran de circular. Una es la típica imagen sepia de Gardel y su sonrisa. Sólo que la cara no es la de Gardel sino la de Messi, que cada día juega mejor. Hay una toma desde arriba de la cancha, hermosa, en la que se aprecia la pierna derecha de Julián Álvarez adelantada, empujando la pelota para el segundo gol de Argentina ante Croacia. Detrás suyo, Borna Sosa desparramado; delante, el arquero Dominik Livakovic a punto de convertirse en víctima. Y también la imagen del consuelo post partido de Ángel Di María a Luka Modric, que antes, al ser reemplazado en el segundo tiempo, fue ovacionado por los hinchas argentinos. Caballerosidad al palo. Cuando los neerlandeses se burlaban de los argentinos y después no se bancaron las devoluciones, algunos se escandalizaron. Entre ellos, argentinos que minimizaron a este equipazo de Lionel Scaloni. ¿Qué van a decir ahora?

A sus 35 años y con 25 partidos, Messi igualó al alemán Lothar Matthaus. Son los que más partidos mundialistas disputaron. «¡Messi no para de batir marcas! Más maduro y más jugador que nunca”, escribe desde Qatar el periodista Ezequiel Fernández Moores. Hay más: con 11 tantos es el máximo goleador argentino en Mundiales (Gabriel Batistuta tiene 10). Está sexto en la lista, junto al húngaro Sándor Kocsis y el alemán Junger Klinsmann. Uno más y alcanza a Pelé y entra al top 5. Los otros son: Just Fontaine (Francia, 13), Gerd Müller (Alemania, 14), Ronaldo (Brasil, 15) y Miroslav Klose (Alemania, 16).

En este Mundial ya hizo 5 goles y dio 3 asistencias. Se lo ve feliz como nunca. Él mismo ratifica esa felicidad. La Selección y la confirmación del amor de los argentinos eran su cuenta pendiente. Está saldada, con creces. Es tan humilde que tampoco se la cree: “Por suerte puedo ayudar al grupo a que las cosas salgan”, dijo en la conferencia de prensa tras jugar un partidazo. A la vez, elogia al cuerpo técnico y a los compañeros. Se sabe la cara visible de un equipo de futbolistas y ya no de estrellas y egos, como en otros tiempos. ​​“Más que un gran equipo, es una banda de amigos la que ha llegado a la final del próximo domingo”, acierta desde este diario el colega Daniel Guiñazú.

Un periodista (un SEÑOR periodista), Walter Saavedra, escribe en su muro de Facebook: “El fútbol no te llena el changuito del chino, no detiene la caída del cabello, no te calma el dolor de muelas, no cancela tus deudas, no evita el envejecimiento… Pero mirá lo que es el país, hoy. Entre los cuerdos y los locos hay una diferencia: los cuerdos sueñan de noche; los locos, de noche y de día. Soñemos, pues”.

Otro periodista, y también escritor, Walter Vargas, nos recuerda unos minutos después de terminado Argentina-Croacia: “La sexta final del mundo… ¡Aaaaaadentrooooooo! La puta, qué lindo es haber nacido en este confín del planeta”. Y en tono poeta: “En el debut versus Arabia, la Selección atravesó la noche de su infierno y desde entonces se la pasa construyendo paraísos”.

Infaltable, también periodista, también escritor, y también maestro de periodistas, Ariel Scher no deja de mezclar literatura y deporte, tal como hizo durante cada jornada mundialista. Tras el 3 a 0 escribió: “Ahora corre Julián Álvarez, que va rumbo al norte y al sur y al infinito y al golazo de una sola vez porque hay días y hay partidos y hay mundiales en los que todo eso es posible de una sola vez, y, entonces, alguien que no olvida que, en otras cosas, anda entre jodido y muy jodido, grita ‘Argentina’ y permite que los labios se le pueblen de una fugacidad del portugués José Saramago que siempre sonará así: ‘El mundo de la alegría tiene su propio y diferente sol’”.

¿Qué agregar de Julián Álvarez? Una de las mejores apariciones del fútbol argentino en los últimos tiempos. Hasta tiene calle propia: desde hace meses, Julián Álvarez -que va de Palermo a Villa Crespo- es centro de alegría cuando se cruza con Avenida Córdoba. Allí, cientos de personas salen a la calle a cantar, a celebrar, a reír. A ser felices, aunque sea por un rato.

Juan José Panno, que con sus palabras nos cuenta el Mundial desde Qatar como pocos, tanto en este diario como en redes sociales, nos aclara algo que tiene que ver con lo que se minimizó desde algunos medios de descomunicación en los últimos días: “Fue tres a cero, como en Rusia, pero al revés. Lo lloran los croatas, que tuvieron una actuación digna pero más lo lloran los indignos de nuestro país que siempre apuestan en contra de la fiesta popular”.

El domingo, ganemos o perdamos, esto se termina, amigos. Así que disfrutemos mientras dure la ilusión. Como decía Mario Benedetti: “Defender la alegría como una trinchera / defenderla del escándalo y la rutina / de la miseria y los miserables…”.



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