viernes, enero 27

Pancho Figueroa, el ex Chalchalero que se hizo solista y a los 81 años inicia en Luján su gira de despedida


Tras 38 años con Los Chalchaleros y una carrera solista que incluyó un puñado de discos, Pancho Figueroa (81) se retira de los escenarios para siempre, aunque antes emprenderá una gira despedida por toda la Argentina y el exterior, iniciando los conciertos este domingo 11 de diciembre, a las 20 horas, frente a la Basílica de Luján, al aire libre y de manera gratuita.

Sesenta años de trayectoria, una vida plagada de historias y un presente que lo encuentra disfrutando de sus nietos, indican con claridad el por qué del adiós a los shows frente a públicos.

Pancho Figueroa, el único Chalchalero que sigue cantando. Foto Lucia Merle


Pancho Figueroa, el único Chalchalero que sigue cantando. Foto Lucia Merle

Acostumbrado al calor

Es jueves en la Ciudad de Buenos Aires. Hace 34 grados y el cemento hierve por las calles del Barrio River. En una de sus casas paquetas vive Pancho con su mujer Lucrecia. El cantor, hasta hace un rato, estaba sentado frente al ventilador, mirando el noticiero. Dice que se acostumbró desde chico al calor intenso, cuando vivía en Resistencia, Chaco, con días de cuarenta grados en la sombra.

“La de Chaco era una casa grande con jardín, tenía terraza y una pequeña pileta. Cuando tenía quince años el calor no existía, jugábamos al trompo, a las bolitas, a mis hermanos y a mí nos importaba el calor, estábamos acostumbrados”, explica.

Sobre esa infancia que tuvo en el noreste argentino, llegan otros recuerdos que forman parte de su interés por la música a temprana edad.

“Mi madre tocaba el piano, siempre escuchaba sus melodías. Mamá era formoseña y contaba con influencias de Paraguay. Por eso era frecuente escucharla tocar polkas, guaranias y también los boleros. Por otra parte, papá era melómano. Sonaba la música clásica en nuestro hogar”, rememora.

Dentro de ese contexto llegó su interés por los estudios musicales que incluyó una pasión por un instrumento que dura hasta estos días: “Estudié en el conservatorio, pero al tercer año me aburrí. Cierto día mire una película de Benny Goodman y me enamoré del clarinete. Un 6 de enero papá me regaló uno que todavía lo conservo. Después formé parte de un grupo de jazz”.

La guitarra y el folclore

"Pancho" Figueroa en 2019.


«Pancho» Figueroa en 2019.

Pese a su enamoramiento por el instrumento de viento, cierto día llegó a sus manos una guitarra criolla para nunca jamás dejarla.

“Con un amigo salíamos a cantarle serenatas a las chicas y con la guitarra era más fácil para cantar. Eran canciones de Los Fronterizos, temas como Tonada del viejo amor. Hasta que un día una chica me preguntó cuándo íbamos a aprender otra canción nueva”.

Inquietud mediante, el aún jovencito Figueroa de inmediato fue a una disquería y el dueño del local le sugirió un disco de Los Chalchaleros: “Fui corriendo a casa con el longplay, me puse a escucharlos y me enamoré de la fuerza del folclore para siempre”, remarca con ímpetu.

Fue así como llegaron los grupos folclóricos propios hasta que lo inesperado lo tomó por sorpresa. “Mi primer grupo de folclore se llamó Los Arrieros, nuestra propuesta era igual a la de Los Chalchaleros. En 1964 ellos me vieron cantar y en 1968 ingreso al grupo”, resalta, toma aire y prosigue: “Yo los contagié a mis compañeros con el furor por Los Chalchaleros. Empezamos a ir a tocar a peñas, asados de amigos, reuniones. Nos hicimos conocidos en Chaco”.

En cuanto a su inserción dentro del conjunto que ya tenía prestigio en nuestro país, Pancho lo relata con lujo de detalles, como si hubiera sucedido ayer: “En una de sus visitas a la provincia, uno de los nuestros les dijo: ‘Hay unos chicos que les quieren cantar una canción’. ¡No podían creer que los imitábamos tan bien!»

Y agrega: «A tal punto que Ernesto Cabezas exclamó: ‘¡Cantan mejor que nosotros!’ Años más tarde, ya siendo amigos del grupo, pararon en mi casa y Ernesto me propuso sumarme: ‘Queremos que vengas a cantar con nosotros para siempre’, me pidieron”.

-O sea, cambió tu vida para siempre, ¿no?

-Tal cual. Tenía 22 años. Estaba en tercer año de Arquitectura. Dejé a mi novia, a mis amigos y me vine a Buenos Aires.

Una nueva vida

Según Pancho, no fue un impacto fuerte arribar a la gran ciudad donde el refrán dice que Dios atiende. “Estuve aquí varias veces antes con mamá. Ya conocía. Apenas me mudé, me acuerdo que me instalé en un hotel llamado Clarence Hause, en Uruguay y Arenales”.

Pancho Figueroa. Foto Lucia Merle


Pancho Figueroa. Foto Lucia Merle

Sin embargo el músico distingue algo que fue difícil: “M encontraba muy solo porque no tenía amigos. Aunque pasó un tiempo y de a poco todo fue cambiando: me hice de amigos, conocí a la madre de mis hijos y tuve otras novias. Además iba a 05, un lugar que frecuentaban corredores de esa época, tales como Marcos Menditeguy, entre otros. Después, en el ’69, me alquilé un departamento en Barrio Norte”.

El recuerdo de los que partieron

Hace dos años fallecieron dos ex compañeros de Los Chalchaleros: Polo Román y Juan Carlos Saravia. Con el primero lo unió una relación que duró inclusive hasta sus últimos días de vida.

“Cuando terminé con Los Chalchaleros seguí cantando por necesidad. Necesitaba seguir comunicándome a través del canto con la gente. Un día por casualidad nos encontramos con Polo. Estábamos en el mismo lugar, entonces lo invité a subir. Fue un momento fuerte”, cuenta.

Ese intenso reencuentro con el recordado bombista generó una reacción inmediata en el público presente: “Todos se pararon y coreaban por Los Chalchaleros, nos podían que volvamos a reunirnos. A partir de ese momento, volvimos a tocar con Polo por un montón de lados. Fuimos juntos al Teatro Coliseo, Chile, Colombia y a Bolivia . Hasta que Polito enfermó de Alzheimer y prefirió ya quedarse en su casa en Mar del Plata. Luego falleció”.

Pancho Figueroa con Polo Román en 2013.


Pancho Figueroa con Polo Román en 2013.

Por el lado de Juan Carlos Saravia, los grandes recuerdos que atesora tiene que ver con las décadas compartidas vestidos de gauchos, con guitarras y bombos en manos: “Las primeras voces del conjunto fuimos él y yo. Cuando falleció Ernesto, yo me ocupé de voces, punteos, la reorganización musical del grupo. Tuve que estudiar mucho y rever las canciones de los primeros años de Los Chalchaleros, de cuando aún yo no formaba parte”.

Los grandes viajes

Sin duda alguna, Los Chalchaleros fue el grupo más importante de la historia del folclore, cuyo reconocimiento tuvo dimensión mundial, con clásicos que se transmiten de generación a generación.

Figueroa trae a su memoria momentos sublimes de tantos momentos gloriosos en lugares remotos por los que fueron ovacionados por públicos que incluso no comprendían el idioma español.

Facundo Saravia, Juan Carlos Polo Román y Pancho Figueroa: Los Chalchaleros


Facundo Saravia, Juan Carlos Polo Román y Pancho Figueroa: Los Chalchaleros

“Hemos tenido mucho éxito en España, Alemania, Estados Unidos, Japón, Austria y otros tantos países. Pese al idioma, la música es universal porque que une. A mí me gusta, por ejemplo, Frank Sinatra y Tony Bennett. Más allá de que entiendo algo de inglés, la música es la que transmite el alma de alguien, las vivencias, la actitud de una persona. Siempre hemos sido recibidos con cariño pese a cantar en español, eso es resultado de la música, de su poder”, remarca el cantor con seguridad.

Comparativamente, el éxito del folclore de aquellos años con el de ahora es un tema que incomoda un poco al ex Chalchalero cuando se lo consulta al respecto.

“Yo escuché la música de todo el mundo, a las grandes orquestas, a las más fantásticas de aquella época. La música de antes tenía melodía. Hoy me subo al auto, cambio de dial y busco. Se me hace difícil encontrar. Hoy el folclore está contaminado con ritmos foráneos”, cuestiona.

Luego profundiza: “En los festivales se escucha poco folclore. Antes estábamos Los Chalchaleros, Las Voces Blancas, Los Cantores del Alba, Horacio Guaraní y tantos más. Hoy parece que ya no hay folclore. En mi caso, sigo insistiendo con el folclore”, insiste.

El legado artístico que aún no consiguió Pancho Figueroa tiene dos hijos: Federico (51) y Julieta (52). El varón es el representante suyo y le organiza la agenda, incluso la última gran gira de su carrera.

“A Federico le puse una guitarra en las manos a sus quince años y no le gustó. No escucha música. Lamento en el alma que ninguno de los dos hayan aprendido el lenguaje de la música”, deplora.

Después amplía su sentimiento para con sus hijos haciendo referencia a la mayor, que se recibió de la carrera universitaria inconclusa suya: “Un poco le inculqué que estudie arquitectura. Tuve que ver porque a mí siempre me gustó, pese a que no finalicé los estudios para seguir mi vida con la música. Por ejemplo, utilicé mis conocimientos para la construcción de esta casa y ayudé a amigos remodelar las suyas”.

Respecto a sus nietos, Pancho sonríe y manifiesta que pone fichas musicales en ellos: “Tengo uno de diez y otro de dos. ¡Ya le regalé una guitarra al de diez! Y le dije: “Si tocás la guitarra y cantás, vas a conquistar muchas chicas cuando seas grande”. Ojalá se dé”.

Sobre el adiós sobre las tablas

Sobre regresar a la provincia que lo vio crecer para la despedida de los escenarios, el cantante y guitarrista, autor de noventa composiciones, y con veinte años de carrera solista, expresa: “Tengo el agrado de que el 6 de enero iré a tocar a Puerto Tirol, el lugar donde mis padres se conocieron en el año 1937; unos días después, el 6, estaré en Resistencia y el 15 en el Festival del Chamamé. Yo conservo un hermano en Corrientes, otro en Córdoba y algunos primos en Resistencia”.

Haciendo referencia a visitas a otros países en esta gira final de su carrera, Figueroa evalúa algunas dificultades por su edad avanzada: “Iré a Bolivia pero me afecta su altura. Es muy difícil cantar a 4200 metros de altura. Lo mismo pienso sobre algunos lugares de altura en Colombia”, recalca.

-Pancho, ¿con qué se encontrará el público del folclore en el show frente a la Basílica de Luján?

-El 11 de diciembre me despido de los escenarios, pero no del canto, porque siempre se puede seguir cantando. Fueron 60 años de guitarra en mano, con valijas de un lado al otro, sin estar en casa, incluso hasta saliendo ileso de accidentes en rutas. Soy el único Chalchalero que sigue cantando. Lo de la Basílica lo consiguió mi hijo. De alguna manera tiene que ver con algo simbólico: pedirle a la Virgen de Luján que me acompañe en este tramo final sobre los escenarios.

MFB

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