viernes, enero 27

Parte del aire, la canción de Fito Páez para sus padres muertos que conmovió a Spinetta y Mercedes Sosa


Buenos Aires, Argentina. Faltaban horas para la Navidad del ’85, cuando un ascendente Fito Páez (que había llenado su primer Luna Park hacía una semana con su disco debut, Del 63) recibe una terrible noticia en la casa de Estomba y la Pampa, que compartía con Fabiana Cantilo en el barrio de Villa Urquiza: la muerte de Rodolfo Páez, padre.

Su mamá había fallecido víctima de un cáncer cuando él tenía apenas 8 meses, y esta nueva tragedia lo encontraba con la orfandad completa antes de los 25 años.

En medio de esa desolación y tristeza, Fito Páez hace arte su puñal. Imagina un nuevo encuentro más allá del plano terrenal de sus papás, donde ellos terminan volando en libertad, alejados de todo mal y dolor (Allí van, parte del aire, solos en libertad). Una historia de amor atravesada en el tiempo, que vence a la muerte para vivir en la eternidad.

Ese romance que para Rodolfo nunca fue palpable (obviamente no tenía recuerdos de ellos juntos) lo volvió primero poema y después canción, para transformarse en el track 3 del segundo disco de La la la, la placa doble que grabó junto a Luis Alberto Spinetta en 1986.

Fito Páez y Luis Alberto Spinetta, en las épocas de "La La La".


Fito Páez y Luis Alberto Spinetta, en las épocas de «La La La».

«Por la vía láctea se encontrarán, en algún planeta en algún lugar, donde va la gente y su corazón, donde van los años y este dolor y donde voy yo, no me importa ya vengo de dos ríos que dan al mar», reza magistralmente la balada con aires folclóricos en su punto cúlmine.

Ubicada en un disco icónico del rock nacional, en que conviven melodías tan experimentales como fantásticas, con letras arltianas y borgeanas, esta canción aparece como una bocanada de aire limpio y claro.

La canción tiene un marcado estilo heredado del Litoral argentino, que arranca con un hermoso piano a cargo de Fito y un arreglo de cuerdas que llevan inmediatamente a las orillas del Paraná, que contrastan con una placa que te traslada de Prince a Piazzolla sin escalas.

Dos ríos que dan al mar

Sus padres son parte fundamental en la cosmovisión y desarrollo creativo de Fito Páez. Su mamá, Margarita Ávalos, había sido docente y concertista de piano. Ese piano que tras la primera muerte se transformó no sólo en símbolo de ausencia, sino también en impulso artístico y lazo con ese amor maternal que había quedado trunco.

Fito Páez y una foto antigua, que sirvió para el 
disco "Los años salvajes". Foto Prensa Sony Music


Fito Páez y una foto antigua, que sirvió para el
disco «Los años salvajes». Foto Prensa Sony Music

Don Rodolfo Páez era empleado administrativo municipal, melómano y cinéfilo. El autor cuenta que su acercamiento a las artes visuales y auditivas, comenzaron gracias a su papá.

Es más, hasta dice que aprendió a leer escuchando Beatles, Goyeneche y Yupanqui, mientras ojeaban historias de rutinas que figuraban en los expedientes que traía del trabajo (me dejó unos discos en el placard, un reloj de plata y un samurái, todo detallado en un expediente, dice la letra).

Esta unión entre rutinas, pianos, muerte, ausencia, cine y silencios, encontraban a un niño por demás receptivo que con la música como parte del aire se iba formando desde lo poético y humano.

Había otro niño amigo de Fito que lo acompañaba esos años. Fabián Gallardo, gran músico y parte nodal de “La Trova Rosarina”, recuerda para Clarín la emoción que sintió al escuchar la canción por primera vez, incluso en el momento en tocarla en vivo.

“Recuerdo tocándola en los pocos conciertos que hicimos con La la la. A mí la letra me emocionaba mucho. Me tocaba muy de cerca, ya que conocía muy bien la historia”.

Y agrega: “Además, musicalmente es una obra de arte con arreglos hermosos. Yo hacía en vivo ese teclado con el que arrancaba, algo completamente único y, como si fuera poco, con el Flaco Spinetta a mi derecha, son cosas que van a quedar para siempre en mi memoria”, evoca Gallardo.

Fito Páez, Luis Alberto  Spinetta y el presidente Raúl Alfonsín, en los tiempos de "La la la". Foto Archivo Clarín


Fito Páez, Luis Alberto Spinetta y el presidente Raúl Alfonsín, en los tiempos de «La la la». Foto Archivo Clarín

Aquella casa de musas y sueños

Eran años revueltos, no sólo en la vida de Fito, sino de un país que hacía apenas un par de años antes había recuperado la democracia y se debatía entre fantasmas pasados y futuros.

En ese contexto, esa vieja vivienda estilo inglés ubicada en una esquina casi en el límite con Belgrano, funcionaba como refugio (metafórico y real) de muchos de los artistas que llegaban (principalmente de Rosario) a Buenos Aires; y canciones como esta, eran hijas directas de aquel ambiente de usinas literarias y musicales.

Paul Dourge, fundamental bajista de Fito en sus dos primeros discos y residente un tiempo en esa casa, recuerda esos días como “una fiesta de música y felicidad”.

Cuando se le pregunta por la génesis de esa canción, duda y se excusa diciendo que “pasaron muchos años” , pero agrega: “Recuerdo que muchas veces me pedía prestado un teclado pequeño con el que compuso muchas de esas canciones desde la cama. De hecho nos juntábamos a tocar parte de lo que después sería el álbum en esa casa”.

“Éramos muy jóvenes y con una capacidad creativa inagotable. Recuerdo el estudio que hicimos en la sala junto al papá de Tweety Gonzalez y otros músicos. Gran parte de esas canciones nacieron ahí, con músicos que entraban y salían todo el tiempo, era una sucursal de Rosario en Buenos Aires”.

Fito Páez y Mercedes Sosa. Ella se emocionaba con "Parte del aire", canción que grabó y también hacía en vivo. Foto Télam


Fito Páez y Mercedes Sosa. Ella se emocionaba con «Parte del aire», canción que grabó y también hacía en vivo. Foto Télam

En varias entrevistas Fito cuenta que en esa misma casa “El Flaco» conoció esa canción y que lo emocionó hasta las lágrimas. También fue grabada por Mercedes Sosa quien solía interpretarla en vivo y la reconocía como “una de sus preferidas”. Otra artista en grabarla fue una gran amiga de Fito, Liliana Herrero.

Aunque Fito no suele hacerla en sus conciertos, ya que es una canción que necesita una gran orquesta (y es mucho más amiga de la pausa que da la nostalgia que de la fuerza que marca un concierto), está en el corazón de los fans, que cada tanto tienen la suerte de revivir esa historia de amor que ni la muerte pudo vencer.

Los años posteriores a La la la no fueron fáciles para el autor de Circo Beat. El asesinato de su abuela y su tia abuela (junto con la mujer que trabajaba en su casa embarazada de 7 meses), lo volvería a encontrar en las tinieblas poco tiempo después, en ese momento la Ciudad de pobres corazones empezaba a gestar otro Fito extraordinario, que sangraba poesía por todas partes, pero esa es otra historia.

WD

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