domingo, septiembre 25

“Que los alumnos se apropien de las ideas, eso es dejar huella” – infopico.com


Las historias de los finalistas del premio que busca movilizar a la comunidad a favor de una mejor educación. Karina Filippi tiene 45 años, es ingeniera agrónoma y profesora de Biología. Asegura que, desde que tiene recuerdo, tiene en claro que la docencia es su vocación. Actualmente trabaja en la Agrotécnica Guatraché, una escuela secundaria rural

“En las escuelas donde enseño están felices, porque detrás de este reconocimiento está también la labor de todos los demás docentes que trabajan conmigo”, destaca Cristian Montenegro, al enterarse de que es uno de los seis finalistas del premio Docentes que Inspiran.

Este reconocimiento, impulsado por Clarín y Zurich Argentina, busca homenajear a los educadores más inspiradores del país, movilizando a la comunidad a favor de una mejor educación a través de la difusión de sus historias.

Cristian tiene 41 años y da clases en dos escuelas de la provincia de Mendoza. Además, capacita docentes sobre tecnologías adaptadas para personas con discapacidad y adultos mayores. También desarrolló múltiples proyectos tecnológicos con alcance internacional.

Desde 5 provincias, los 6 finalistas inspiran a todo un país

El encargado de elegir a los seis finalistas de la segunda edición de este ciclo fue un jurado conformado por especialistas designados por seis prestigiosas ONGs de educación: Asociación Conciencia, Fundación Cimientos, Enseñá por Argentina, Proyecto Educar 2050, Observatorio Argentinos por la Educación y Fundación Noble.

El jurado tuvo la difícil tarea de seleccionar a los finalistas entre tantos docentes que trabajan diariamente por una mejor educación y un país más próspero, seguro, inclusivo y sustentable.

Se trata de docentes cuyas historias generan un impacto en sus estudiantes, colegas y comunidad en distintas provincias del país. Entre ellas, la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, Buenos Aires, Santa Fe, Mendoza y La Pampa.

Miguel Mascaro, tiene 51 años y da clases en Goyena, un pequeño pueblo con 600 habitantes en la Provincia de Buenos Aires. Es ingeniero agrónomo, pero durante sus años de estudiante se desarrolló como ayudante de cátedra, experiencia que sembró en él la vocación de la docencia. “Elegí ser docente por amor a esta bella profesión que me permite acompañar el proceso de crecimiento y superación de mis alumnos”, señala.

Marcelo Ranzoni tiene 53 años y trabaja en la Escuela Técnica ORT, en la Ciudad de Buenos Aires. Fue en el marco de la comunidad educativa que creó EMPATIZANDO, un espacio que busca motivar a los estudiantes a desarrollar proyectos tecnológicos con impacto social.

“El aula es mi lugar -afirma Ranzoni-. En ese vínculo con mis estudiantes se generan excelentes resultados, no solo en relación a los contenidos académicos. También me da la posibilidad de inspirar, generar empatía y despertar su curiosidad”, resalta Marcelo.

Más de 480 estudiantes forman parte de EMPATIZANDO y ya desarrollaron proyectos como LectO, una aplicación web y móvil para personas con dislexia. La app fue adoptada por la organización DISFAM y tiene más de 10 mil descargas en múltiples países de habla hispana.

“Cuando yo era alumna, observaba que mis compañeros no encontraban motivación en materias como Física y Química. Percibí lo mismo en mis primeros años de docencia. Esto me motivó a buscar nuevas estrategias, a capacitarme día a día y aplicar la innovación”, cuenta Marcela Carrivale, docente santafesina.

En las escuelas donde trabaja, Marcela impulsa proyectos que promueven el compromiso social en sus estudiantes con el objetivo de formar ciudadanos críticos, autónomos y empáticos.

Karina Filippi tiene 45 años, es ingeniera agrónoma y profesora de Biología. Asegura que, desde que tiene recuerdo, tiene en claro que la docencia es su vocación. Actualmente trabaja en la Agrotécnica Guatraché, una escuela secundaria rural en La Pampa.

A través de proyectos prácticos, Karina busca que sus estudiantes sean protagonistas de su propio aprendizaje, logrando que se involucren en los temas y puedan ‘aprender haciendo’. “Me gusta ver cómo los estudiantes se motivan cuando les propongo una actividad o un nuevo proyecto, cómo comienzan a pensar cómo hacerlo realidad -resalta-. Creo que eso es dejar huella: que los alumnos se apropien de las ideas y el conocimiento, y se desafíen a llevar los proyectos adelante”.

Damián Ortiz, con 35 años, ejerce la docencia hace 12 en tres escuelas mendocinas donde da clases de Matemática. Creó el canal de YouTube “Matemáticas Positivas”, donde comparte clases a las que tienen acceso estudiantes y colegas. Con el auge de la educación virtual durante la pandemia, el canal alcanzó más de 3.000 seguidores y sus videos, más de 250 mil visualizaciones.

“Intento generar en el aula instancias didácticas, como campeonatos de ajedrez, para fomentar el trabajo en equipo, la superación personal, el esfuerzo y el compromiso”, concluye Damián.

El camino hacia la final

En la próxima etapa, el Gran Jurado –integrado por 15 referentes del ámbito académico, científico y de ONGs de educación– elegirá entre los 6 finalistas al Docente Inspirador del Año y a las dos menciones especiales, que se darán a conocer durante la ceremonia de premiación.

Además del reconocimiento del público, el Docente Inspirador recibirá $1.000.000 en premios; y las dos menciones especiales, $500.000 cada una.

Las novedades del Premio Docentes que Inspiran se pueden seguir a través de la página web www.docentesqueinspiran.com.ar, desde Facebook en Docentes Que Inspiran y por Instagram en @docentesqueinspiran.





Source link

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.