sábado, agosto 13

quiénes son los nuevos referentes y qué cambios proponen


A la par de los cambios sociales que se producen en relación a identidades de género, el folclore también se renueva y en la actualidad lo refleja con claridad.

Aunque las tradiciones sonoras puedan conservarse o en algunos casos modernizarse, la estética y lo discursivo hoy cuenta con representantes de una novedosa expresión: cantantes no binarios, trans o lesbianas forman parte de un circuito que se mueve por los escenarios de Casa Brandon, Feliza, JJ Circuito Cultural, La Minga o festivales LGTBIQA+.

Algunos de estos artistas son de Buenos Aires, pero también existen importantes exponentes del interior del país, que tocan en sus provincias de referencia, pero no dejan de hacer pie en CABA, dentro de la escena de referencia u otros espacios populares, a los que de a poco se suman con naturalidad.

Vientos de cambio

Juan Iñaki. Foto de prensa

Juan Iñaki. Foto de prensa

El cordobés Juan Iñaki tiene 38 años y es de la misma generación de Abel Pintos. Tuvo contratos con multinacionales, pero después se alejó del medio durante algunos años para formarse y volver luego al ruedo con experiencia y determinación. Hoy es un referente indiscutible de esta renovada escena folclórica.

“Antes era de mayor edad mi público, pero hoy es más cercano a la mía. Igualmente, al presentar a mi novio, fue como mutando el público. No fue fácil esa transición porque de pronto me quedé solo, los productores se abrieron. En parte lo entendí. Se les puso bravo en ese sentido. Fue angustiante, tuve que reaprender, correr riesgos”, relata el cantante, que se presentó en vivo hace poco en Café Berlín.

La pareja de Juan se llama Agustín y, además de convivir, el vocalista cuenta que trabajan juntos: “Es del ámbito de la moda, actor y artista plástico. Agus se encarga de mis vestuarios para cuando subo al escenario. Lo nuestro no es solo compartir la disidencia, sino también la cuestión artística”.

Respecto a cantar en las Marchas del Orgullo, Iñaki cuenta que sucedió pocas veces y que en cambio prefiere ser alguien más que sale a la calle para la ocasión.

“Marcho mucho más de lo que toco y me gusta vivirla como una fiesta. Me gusta estar en la calle con la gente. A su vez marcho en los encuentro de ambientalistas, allí sí toqué varias veces. También me sucede que a través de esas marchas y en esos toques creé canciones nuevas”.

Luciana Jury, multipremiada

Luciana Jury. Foto de prensa

Luciana Jury. Foto de prensa

Si de variantes se trata, el caso de la genial cantante Luciana Jury es particular. Sobrina de Leonardo Favio, tuvo un matrimonio con el músico Goyo Grasso, hasta que llegó la separación y estuvo en pareja con otra mujer, que aparece en la portada de su cuarto álbum titulado Abrazo, ganador del Premio Gardel.

“Tuve parejas hombres hasta Goyo, el padre de mi hija. Y después decidí hacerme cargo de mis deseos más profundos, los más escondidos por una cuestión generacional. No reniego de mi época: nací en 1974 y viví la adolescencia en los años ’90, cuando no era fácil”, confiesa la cantante.

Y a su vez, explica lo siguiente: “No es que llevo la bandera del lesbianismo, pero me hago cargo de salir de un lugar hacia otro. No sé de quién me voy a enamorar. Me interesan las personas libres de ataduras. Estoy iniciando un camino, hoy me interesa relacionarme con mujeres con cuerpos vivos portantes, gente con otra cabeza”.

Profundizando en su historia, Jury extiende su análisis: “Yo tuve situaciones afectivas hacia niñas y niños cuando era chiquita. Siempre depende del contexto donde te criaste, en el barrio o en el pueblo donde te formes. El primer paso es reconocer que esto existe en uno”.

Una referente indiscutible

Susy Shock. Foto de prensa

Susy Shock. Foto de prensa

En estos nuevos tiempos existen peñas folclóricas de las que participan activamente artistas no binarios y trans sobre las tablas, con sublimes propuestas musicales.

Susy Shock es una de las referentes indiscutibles. Es por eso que tantos jóvenes suelen mencionarla, incluso sus colegas.

Ella se presenta así: “Soy nacida en Buenos Aires, de mamá tucumana y papá pampeano. Esa ‘provincianía’ que no siempre se lee, que es la que más impacto tiene: el exilio social, político, económico, de tener que irse para llegar a esta ciudad a pagar la olla. Esta es una ciudad agresiva y no siempre abrazadora. No siempre se puede vivir de otra manera. Por eso el folclore me pertenece y es diverso”.

Con dos discos en su haber y viajes por el interior y Europa, Susy Shock cuenta con su banda llamada La Bandada de Colibríes, además es actriz, escritora y activista militante de la diversidad sexual.

“Quizás lo más notable es nuestra presencia, de una juventud muy potente en la música. Empecé a los 14 años a estudiar teatro, también a escribir y cantar. No existía una diversidad que se pusiera a contar desde una chacarera o una zamba las propias historias. Por eso salí con mis canciones, por la necesidad de contarme, porque antes eran historias prestadas”, señala con cierto orgullo.

Rompiendo esquemas

Lorena Carpanchay. Foto de prensa

Lorena Carpanchay. Foto de prensa

Quien menciona a Susy Shock como referente es Lorena Carpanchay, la primera bagualera y coplera trans. Ella vive en el Paraje San Luis, a 10 kilómetros de Cafayate, en el altiplano norteño.

“A Susy la conocí en Salta. Justo hablé por teléfono con ella hace un ratito, siempre nos hablamos”, cuenta.

Después se encarga de describir detalladamente su lugar en el mundo: “Estoy rodeada de montañas. La casa era de mi padre, que falleció de cáncer hace un mes. La vivienda está semi hecha de material. Estoy sola, es una finca grande, tengo chanchos, chivos. Le hablo a la tierra, a las plantas, me hago un fueguito afuera, tengo unas viñas por podar. Una vez por semana bajo al pueblo y veo a mis amistades”.

Sobre su pasión por el canto, su familia ejerció un rol trascendental: “Mi elección por cantar es ancestral. Viene de generaciones anteriores. Mamá cantaba. Viví en Buenos Aires y siempre me gustó cantar. Venía al carnaval. Y una cadena muy grande de familia venía aquí a cantar a las fiestas de los Valles Calchaquíes”.

Aunque su presencia en el documental Terminal Norte, protagonizado por Julieta Laso y dirigido por su pareja Lucrecia Martel, fue la puerta a la masividad para hacerse conocida, su presencia sobre un escenario ya generó impacto en su provincia en el año 2014.

“Fue en el Encuentro de la Mujer en Salta, allí nos hicieron conocer a las chicas trans, donde estaba Susy. Después empecé a tocar mayormente ad honorem. También influyó mi presencia en la Serenata a Cafayate, que es muy machista. Pero el intendente me propuso cantar, se lo agradecí. Subí al escenario a las 20.30 y mi presentación duró 15 minutos”, relata.

¿Cómo la recibió el público? “Fue muy fuerte. Generó mucha repercusión. Preparé coplas de mi autoría. Estaba cantando y me atacaron los nervios. Principalmente cuando vi a mi hermano en la primera butaca. Quería llorar porque teníamos muchas diferencias familiares. Terminé mi parte y volví a casa”, rememora, un tanto emocionada.

Según narra Carpanchay, en Buenos Aires le tocó pasar por situaciones difíciles.

“A veces me acuerdo de mi padre, cuando trataba de esconderme, yo era una marica tapada. Tuve buenos trabajos, joda y diversiones. En Buenos Aires me hice conocer como ‘trava’ en boliches. Me llevaron a trabajar a la calle. A veces fue por necesidad; otros por tocar a fondo”.

Realidades problemáticas

En ese contexto, Lorena vivió de todo: “Estuve sola y en pensiones. Me encontré con una jujeña y viví con ella en una casa tomada. Los dos primeros días en la gran ciudad estuve en la calle. Mi amiga se llamaba Martinica, estaba consumida por el HIV y tengo recuerdos dolorosos, la vi morir en la escalera. Fue todo muy fuerte aquello”.

Su colega Susy Shock también conoce de cerca las realidades y problemáticas que viven tantas chicas trans, sin embargo no deja de lado los avances logrados estos años de manera colectiva.

“Lo conseguido en derechos y empoderamiento es a nivel global. Les molesta que estemos ahí. El discurso de odio que ciertos medios instalan, sobre todo es para que la gente común, a la que le falta cosas, se sienta amenazada, sospeche de nuestra presencia, como si fuéramos responsables de los derechos que no tiene. Nosotras somos colectivo y nos paramos contra esos discursos”, expresa la artista.

“Por sobre el odio, nadie puede debatir sobre mi cuerpo, sobre mi identidad. No es tema debatible, no es un tema de opinión. Opinamos de qué color hay que pintar una casa, qué nombre le ponemos a una calle, pero no se puede opinar sobre mi cuerpo”, agrega con ímpetu.

Juventud, divino tesoro

Ferny. Foto de prensa

Ferny. Foto de prensa

Ferny de Gyldenfeld tiene 32 años. Es media tarde y se encuentra en una escuela dando clases de música. Hace un impasse en su rol como docente para poder conversar. Habla extremadamente rápido, sin pausa alguna. “Soy profesora de música aquí en el Liceo N° 9. ¡El mismo lugar donde hice la secundaria! Trabajo la Educación Sexual Integral desde la música”, enfatiza.

Ferny es la primera cantante trans no binaria del folclore y conoce el ambiente más que nadie.

“Me estoy moviendo en espacios cuidados. Tenemos lugares para bailar, cantar, lugares amorosos. Voy a Mu La Vaca, Brando, Folklorazo Queer. Me posiciono como cantante disidente, diverso, emergente. Este es un folclore que está emergiendo, hay que poner ‘la cuerpa’ “, declara.

Asimismo, afirma que todos estos cambios sociales no son fáciles con parte de una sociedad “que aún se resiste”.

“Hablan de nosotros, nosotras, nosotres. A veces nuestra presencia genera incomodidad. De todos modos, decido meterme en lugares patriarcales. No tengo por qué esconderme. Entonces voy a hacer presentaciones, es importante hacernos presentes en lugares que antes eran impensados y que a la gente se le vuele la cabeza”.

Esa posición a la que se refiere es la misma que la impulsó para competir por un lugar en Cosquín, sobre el escenario de la Plaza Próspero Molina, donde marcó un antes y un después en la historia del folclore. Sin embargo, la artista recalca con una amplia sonrisa sus tantos paseos nocturnos por fuera del gran evento.

“Me quedé a transitar esas peñas y sus calles siendo la Ferny. Fui a bailar, a beber un vino. Lo mío es la política social, aunque existen neofascistas en la sociedad. El movimiento popular del que formo parte cuenta con política intrínseca, somos maricas, putos, tortas, travestis”, relata de manera efusiva.

-¿A qué corresponde tu definición de “no binaria”?

-Es una expresión de géneros. No busco que el mundo me lea a mí. El no binario es un tercer género, que en realidad contiene a varios a la vez. Es la identidad como algo dinámico. A ver, al hombre en la sociedad se lo asocia con vellos o bien con el fútbol. Y a las chicas se las relaciona con el color rosa, piernas depiladas. El no binarismo propone la libertad para que cada uno quiera ser lo que quiera y lo haga como lo desee.

Respecto a la relación con sus padres, recalca que siempre apoyaron sus decisiones: “Existió el abrazo por parte de ellos, la contención. A su vez tuve que hacer un trabajo personal que incluyó dolores profundos, terapias mediante”.

Ferny tiene una hermana gemela que se llama Luchi. Con ella comparte, desde pequeña, fascinación por la ópera e incluso encararon un proyecto juntas al que bautizaron Opera Queer, una propuesta performática y vanguardista.

“Un proyecto maravilloso musical teatral y de revisionismo para estos tiempos de disidencias sexuales, feminismo y movimientos. Somos gemelas no idénticas. Es muy intenso el vínculo gemelar. Mi hermana, siempre hermosa. Arrancamos juntas con el canto. A ella la amo”.

Retomando su relación con el folclore y antes de volver al aula con sus alumnos, Ferny comparte algo importante que le sucedió y atesora dentro de su trayectoria artística: “Cuando empezamos a hacer el homenaje a Atahualpa Yupanqui, el hijo se contactó con nosotros para darnos unas partituras inéditas de su padre. ¡Teníamos solo 24 años y resulta que su hijo nos otorgó ese regalo! Todo lo que me va pasando es maravilloso. Y aún queda mucho por recorrer”.

MFB



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