domingo, septiembre 25

rock a la italiana, contundente y festivo


¡Alta tarantela armaron los Maneskin en el Hipódromo de Palermo! En una hora y media finiquitaron una gran tarea ante una multitud de adolescentes mayormente femeninas y no pocos padres que acompañaron o esperaron a la salida con las balizas encendidas y el auto presto para el arranque.

Los cuatro gladiadores italianos que componen este grupo de rock dejaron a la leonera absolutamente agotada. Veni, vidi, vici.

¿De dónde sale Maneskin? Del lugar menos pensado: el Festival de San Remo de la Canción. Hay que ser inconsciente, poco informado o directamente chiflado para pretender competir en la legendaria disputa musical, bastión de la canción melódica, con un cuarteto de rock. Y sin embargo se presentaron y lo ganaron.

La bajista Victoria De Angelis y el guitarrista Thomas Raggi. Maneskin, vino, vio y venció.

La bajista Victoria De Angelis y el guitarrista Thomas Raggi. Maneskin, vino, vio y venció.

Después fueron por más a otro festival, el histórico Eurovision que propulsó a ABBA hacia el estrellato con “Waterloo”, inolvidable ganadora de la contienda en 1974. El rock no suele frecuentar esas pasarelas, pero Maneskin se animó y el resultado de su audacia fue otra contundente victoria. El doble campeonato de torneos musicales los puso en primera fila de los números musicales destacados de los nuevos años 20.

Recordemos que aquí hubo escándalo, porque la cámara pareció enfocar a Damiano David esnifando cocaína en la ceremonia. Pero luego él se hizo un test de drogas y dio negativo. Triunfo válido.

El recibimiento en la Argentina

Las fans del cuarteto se desgañitaron apenas vieron emerger el chaleco corto color fucsia del cantante Damiano David, dueño de un carisma arrollador y una escena impetuosa. Posee, además, un tono ronco, bien italiano, como un Nicola Di Bari afinado una octava más arriba. Salieron a comerse el Hipódromo de Palermo, pero el público casi se los devora a ellos.

Los italianos de Måneskin dieron un gran show en el Hipódromo de Palermo.

Los italianos de Måneskin dieron un gran show en el Hipódromo de Palermo.

Tras una contundente andanada de tres temas sin parar, Damiano puso el freno y mostró su pasta de líder. “Gente, nos encanta que sean tan efusivos, pero acá hay chicos que se están lastimando –dijo-, esto se trata de divertirnos todos juntos, no de hacernos daño. Por favor, dejen que el personal de seguridad los asista”.

Bien hecho: hay que cuidar a la audiencia, máxime cuando se trata de un público adolescente al que la efusividad se le puede ir de cauce en los saltos.

Damiano tiene una excelente partenaire en Victoria De Angelis, la bajista, que parece una actualización del software de la Suzi Quatro de los años 70; camina el escenario como si fuera una pasarela y no tiene miedo de bajarse de él para meterse entre la gente sin dejar de sonreír ni un minuto: disfruta la situación de verdad.

Victoria De Angelis, la bajista de Maneskin, se metió al público argentino en el bolsillo.

Victoria De Angelis, la bajista de Maneskin, se metió al público argentino en el bolsillo.

En cambio, Damiano la padeció porque cuando fue a darse un baño de multitud le robaron el transmisor y los auriculares inalámbricos. No tuvo más remedio que tomárselo con humor, sin por ello dejar de pedir aparición inmediata de su equipamiento.

Cómo es su música

Musicalmente, Maneskin no parece tener enormes virtudes; si bien Damiano canta muy bien y es un showman excelente, Thomas Raggi toca la guitarra como si fuera un gondolieri en Venecia, con mucha velocidad y poca idea. Algo parecido sucede con el baterista Ethan Torchio, que se hace lío con el doble bombo y se manda con velocidad pero sin precisión.

El precio es cierto caos sonoro, al que la economía de Victoria no logra ponerle coto: Maneskin suena sucio y desprolijo, como el viejo tema de Pappo. Pero prospera en esa confusión por la energía que le ponen y la actitud de conexión con un público que no les pierde pisada.

Si bien tienen hits desaforados como Beggin, o marchosos como el excelente I Wanna be your Slave, lo que cierra de Maneskin es todo el paquete: es un grupo que excede el éxito circunstancial de una canción.

Damiano Davis, de Måneskin, canta bien y es carismático.

Damiano Davis, de Måneskin, canta bien y es carismático.

Esa mezcla de ítalo-funk sazonado con brotes de rock y no pocas adaptaciones del hip-hop, derivadas de grupos como Red Hot Chili Peppers, o vertientes más alternativas como The Killers, terminan por confluir en canciones contagiosas y más saltables que bailables.

Tuvieron momentos estupendos como la versión de I Wanna be your Dog, de Iggy Pop & The Stooges que terminó con tres miembros de Maneskin tocando frente al vallado y esquivando los manotazos de sus ardorosos fans.

Se les nota admiración por el rock clásico en citas a The Who, recitando casi intactos los versos de My Generation, o en esa parodia al juego border que David Bowie hacía con Mick Ronson, solo que Damiano fue un poco más lejos con Thomas Raggi. Tanito picarón.

También han pasado 50 años de aquellos tiempos donde el glam-rock de Bowie revolucionaba con su look andrógino. Se nota que Maneskin tomó nota de aquello y supo integrarlo en su look sin que parezca una parodia o una fotocopia con poco toner.

Mensaje de amor

Los fans argentnos de Maneskin coparon el Hipódromo de Palermo.

Los fans argentnos de Maneskin coparon el Hipódromo de Palermo.

“Les fuckin’ amamos”, le expresó al público Damiano y sonó genuino. Solamente el tiempo dará un veredicto acerca del aporte que Maneskin puede hacerle al rock, y si tienen gasolina suficiente en el tanque para ir por más. El tiempo está de su lado: Damiano tiene 23 años y Victoria 22.

Pero anoche en el Hipódromo de Palermo, durante una hora y media, lograron dos cosas muy importantes en su primer contacto con el público argentino: divertir contundentemente a una audiencia con una alegría bastante ausente del rock durante los últimos tiempos. Y demostrar que no hacen falta demasiados recursos para montar un gran show si la actitud es la correcta.

Buscaron el triunfo desde el primer minuto y nunca lo dejaron escapar. Su audacia fue recompensada por una abrumadora aprobación del público.

WD



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