04.02.2026

Rompe no paga: la trampa del punto penal :: Olé


Con un gesto le dijo todo. Lo mandó al área. Pero no a cabecear. Leandro Paredes le pidió a Ayrton Costa, a la espera de una ejecución desde los 12 pasos, que copase el punto penal. Que lo cuidase. Santiago Ascacíbar, recién llegado de Estudiantes, entendió ‘la jugada’ y se sumó a la guerra fría. Gol. Una noche más tarde, lo que parecía ser una simple anécdota futbolera, casi un paso de comedia, se resignificó.

En Varela, en el Tito Tomaghello de Defensa, un penal para el Halcón quedó en los pies del infalible Rubén Botta, quien le entregó básicamente la pelota al arquero Fabricio Iacovich. Le pegó con el diario. S egundos antes del bluf forzado en ese césped que simula una verde alfombra natural (de lo mejor de la Liga Profesional), la tele mostró como Gastón Benedetti, defensor de Estudióóó Estudióóó, se convertía en excavadora humana y destrozaba esa blanca circunferencia cuyo diámetro el reglamento de la mismísima International Football Association Board nada dice.

Y no se trata de ser alumno de la escuela Bilardista. Es cuestión de meterse a Youtube: en todas partes -incluso en el Primer Mundo- se cuecen habas. Se trata de antifútbol, no de picardía. Encima el gris es gigante como el pozo que dejan a traición para dolor del canchero de turno. Este deporte se puso la gorra en los penales con los arqueros que se adelantan, con los Dibus de la vida que provocan por folklore, con el ‘doble golpe’ que dejó a Julián Alvarez sin Champions, aunque mira de costado cuando, intencionalmente, un tipo decide detonar un círculo de cal. Es hacerte tomar del bidón pero con violencia y delante de todos. Incluso de una cámara de TV, de dos asistentes y de un cuarto árbitro.

La Regla 12 de la IFAB considera tibiamente que “efectuar marcas no autorizadas en el terreno de juego” es plausible de una amonestación “por conducta antideportiva”. Sin embargo, hoy por hoy, rompe no paga. El punto penal se convirtió en una trampa.



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