jueves, octubre 6

Soberanía a fuego lento y silencio macizo



Mientras en la vecina República del Paraguay avanza el plan de instalación de una base militar norteamericana en la triple frontera, y aquí proliferan los lobbies en favor de intereses extranjeros, parecería que ahora el gobierno –tan inclinado a consentirlos y favorecerlos– intenta al menos morigerar la entrega de nuestra soberanía hídrica.

Pero el análisis debe completarse con ciertos absurdos dolorosos como el hecho de que las autoridades aeronáuticas faciliten escalas de abastecimiento a los vuelos británicos a Malvinas desde nuestro territorio, mientras el Uruguay de Lacayo Pou ha vuelto a hacer del querido paisito una Colonia, pero no del Sacramento sino de Inglaterra.

Cómo no preguntarse entonces si acaso alguien en el Ministerio de Defensa estará al tanto de todo esto, cuando también hay decenas de otras preguntas que el gobierno macizamente no responde ni parece que lo hará.

Todo esto se vincula con que en el reciente 5º Encuentro de Puertos y Logística, en la Terminal de Cruceros, se supo que ya se está realizando el Ensanche y profundización del canal uruguayo Punta Indio, aunque sin estudios ambientales previos, que fue la excusa con la que se obstaculizó el inicio del dragado del Canal Magdalena, que es argentino y es urgente.

Se supo también de profundizaciones y ensanches de las zonas de espera para grandes barcos, en aguas uruguayas, obras que jamás hizo el consorcio «Hidrovía SA» cuando cobraba 300 millones de dólares por año y que hoy algunos expertos aseguran que es otra tragedia y otra trampa. Porque ya no se trata solamente de la entrega del Paraná –digan lo que digan muchos funcionarios– sino de la pérdida del manejo soberano de nuestros ríos y mares, que es lo que más cuidan todos los países del mundo mientras aquí se le oculta la verdad a la ciudadanía. Y se la desinforma cambiando nombres a la Geografía y a la Historia.

Esta columna no quiere ser agorera, pero las cosas son como son y el hecho cierto es que la Soberanía Argentina en casi todos los órdenes sigue siendo agraviada, estafada y pisoteada. Lo que, más allá de broncas y dolores, obliga al menos a informar a la ciudadanía la gravedad de las cosas. Porque además en el Paraguay el titular de la Dirección de Proyectos Estratégicos del Ministerio de Obras Públicas, Jorge Vergara, ya anunció que su país «necesita de un plan maestro para gestionar la hidrovía Paraguay-Paraná» y que se hará con la colaboración del Cuerpo de Ingenieros del Ejército de los Estados Unidos (USACE). Se iniciaron ya las tareas de dragado en el tramo del río bajo soberanía paraguaya, y para las cuales –oh sorpresa– la empresa belga Jan de Null ya presentó estudios de factibilidad.

Mientras tanto el gobierno argentino –que parece irresistiblemente inclinado a complacer intereses extranjeros– sigue su siesta y no acelera la recuperación ferroviaria, que estimularía una industria que en nuestro país fue hasta hace tres décadas fabulosa, ni tampoco la otra industria fenomenal que sigue en pie y es urgente repotenciar: la naviera, con el gran Astillero Río Santiago aún recuperable y emblemático de decenas de otros astilleros que es urgente relanzar.

Pero lo más irritante –en una materia esencial como es la Soberanía– es que el gobierno parece impulsar algo así como un olvido y blanqueo de las décadas de entrega cipaya, lo que a su vez desautoriza toda posibilidad de regularizar nada seriamente. Y peor aún, en los hechos puede implicar una renuncia al mandato de la ley de fiscalización de los puertos argentinos, hoy vaciada de contenido desde que en los años 90 se sacó al Estado de la actividad portuaria, y se destruyó y desvió su gigantesco volumen de negocios.

Sin duda muchos dirigentes del movimiento nacional y popular han de advertir la fiera realidad por la que atraviesa el país a partir de la ya inocultable defección del mandato electoral recibido por el FdeT, y que hoy es razón y esencia del generalizado desánimo en su base electoral y su otrora militancia. Y es que ningún discurso puede tapar la realidad que cada pueblo advierte cuando la sufre.

Cómo no preguntarse entonces si acaso alguien en el Ministerio de Defensa estará al tanto de todo esto, más allá de que hay decenas de otras preguntas que el gobierno y el FdeT macizamente no responden. Por eso se reclama recuperar en forma plena el manejo de nuestros ríos y mares como lo hacen todos los países dignos del mundo. Pero que aquí, es evidente, no se quiere hacer.

Y lo que más fastidio y enojo produce, en materia portuaria, es que en la veintena de puertos extranjeros sobre el río Paraná no se sabe lo que sale de cada uno, cuando simplemente habría que pesar los camiones que entran para saberlo. Es obvio que en todo el mundo camiones y trenes se pesan, pues de lo contrario es imposible liquidar el valor de las mercancías. Corresponde entonces a los gobiernos pedir comprobantes y controlar pesajes. E incluso más: hoy en día cuando todo está conectado digitalmente, cada balanza podría –y debería– estar conectada a la AFIP, y así el Estado sabría en tiempo real el tonelaje verdadero que entra a cada puerto, y los impuestos se pagarían rigurosamente.

Por desdicha, hay funcionarios cipayos para todo. Por caso, los que apuestan a aislar la Patagonia –cada vez más británica aunque duela decirlo– potenciando el Canal Punta Indio en lugar del Magdalena, Hoy todos los lobbies se hacen en favor del canal uruguayo para que no se le derive tránsito naviero alguno al Magdalena, que es la puerta hídrica soberana de la Argentina a la inmensa costa patagónica y al mundo.

Este viernes que pasó el presidente Alberto Fernández encabezó la reunión del todavía llamado «Consejo Federal de la Hidrovía», para dar continuidad a los temas abordados en el último encuentro celebrado en el Chaco el 24 de junio pasado. Según fuentes oficiales, el encuentro en la Casa Rosada trataría la inclusión del Canal Magdalena como vía navegable soberana. Iniciativa que implicaría reformular el decreto que le dio la concesión transitoria a la Administración General de Puertos.

Al encuentro con el Presidente en la Casa Rosada, que duró unas tres horas, asistieron los gobernadores Kicillof, Capitanich, Insfrán y Perotti; además del director de Transporte Fluvial y Puertos de Corrientes y el fiscal de Estado de Entre Ríos. En una anterior reunión los gobernadores habían acordado pedir la inclusión de las provincias del NEA y el Canal Magdalena a la llamada «vía navegable troncal», como la llama esa manía de cambiar los nombres que la ciudadanía identifica históricamente. Lo cierto es que la propuesta incluyó reformular la concesión a la AGP para ejecutar obras nuevas, ya que sólo está habilitada para realizar tareas de mantenimiento. Como sea, el intríngulis burocrático, una vez más, dificulta las cosas porque la «vía navegable troncal» (o sea el río Paraná) vincula naturalmente a las provincias mencionadas con el Canal Magdalena en aguas del Río de La Plata. Todo lo demás se parece más bien a lo que popularmente se llama hoy «saraza» pura.

Como señaló a esta columna un distinguido especialista, «sin dudas la presión sobre Fernández y Massa ha sumado a varios gobernadores, y la anterior reunión en Chaco abrió una grieta en el camino trazado por el decreto 949/2020». Lo cierto y bueno fue que en esta reunión el Magdalena ya no pudo ser invisibilizado ni ninguneado. No fue poco logro: el reclamo del Río Paraná y el Canal Magdalena, y la derogación del cipayo decreto 949/20, ya tiene existencia y conciencia en la agenda reinvindicativa de Soberanía del pueblo argentino.



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