julio 24, 2024

Sin imputados ni avances, un nuevo juez asume la investigación por la desaparición del policía Arshak | Alberto Baños cesó en sus funciones



A cuatro años y siete meses de la desaparición del Policía de la Ciudad de Buenos Aires Arshak Karhanyan, no hay imputados ni avances en la investigación, ni siquiera una hipótesis sino irregularidades y obstáculos. Así dejó la causa judicial después de todo ese tiempo el ahora exjuez Alberto Baños, quien cesó en sus funciones el 24 de septiembre. Nunca apartó como auxiliar a la propia policía porteña, pese a que existen sospechas sobre esa fuerza, que perdió pruebas y arruinó el celular personal de Arshak, y que la última persona que lo vio fue un compañero suyo. Tampoco aceptó la calificación del caso como desaparición forzada, lo que hubiera llevado a que cambiara de fuero el expediente, ni avanzó con las últimas medidas que pedía la Secretaría de Derechos humanos, que hoy es querellante en representación de la familia, para cotejar su ADN, con personas halladas sin vida y no identificadas hasta el momento en la Ciudad y en la provincia de Buenos Aires. 

Arshak tenía 27 años al momento de su desaparición el 24 de febrero de 2019. Fue visto por última vez en la esquina de Paysandú y avenida Rivadavia, donde lo captaron cámaras de seguridad privadas. Por esos días trabajaba en la comisaría 7B, aunque había pasado por la División Exposiciones de la Policía de la Ciudad, vinculada a allanamientos, incautación de droga y otros elementos ligados al crimen organizado. La última persona que estuvo con él era un compañero suyo de ese sector. Se llama Leonel Herba. Las cámaras los captaron en la puerta del edificio donde vivía Arshak en Caballito, donde mantuvieron una conversación desde las 12.46 has las 13.23. Al joven  desaparecido se lo veía nervioso en las imágenes que captaron esa charla.

Ese día estaba de franco y había quedado en ver a una amiga y a la noche cenar con su mamá, Rosita (o Vardush, en armenio, que es el origen de la familia). Sin embargo, después de hablar con Herba subió al departamento, se cambió de ropa, agarró el arma reglamentaria y los documentos y volvió a bajar para irse a las 14.24. Dejó dos celulares y su moto sin cadena. Catorce minutos después retiró plata de un cajero en la estación de subte de Primera Junta y ocho minutos después entró a un Easy sobre avenida Rivadavia. Salió con una pala de pico en su mochila. No hay cámaras que muestren su recorrido más allá de la esquina. No suspendió ninguna de sus citas. 

La policía y las pruebas perdidas

El exjuez Baños convocó como auxiliar a la propia Policía de la Ciudad, pese a que podía tener claramente intereses en el caso. Sus propios compañeros debían investigar. Un dato que siempre llamó la atención es que Arshak había pasado un tiempo por la Dirección de Cibercrimen, donde le tocó procesar pruebas vinculadas con la muerte del fiscal Alberto Nisman y las cámaras de seguridad del edificio donde vivía, pero no surgió ninguna conexión con el asunto. Pese a los reclamos de la querella, que después de un tiempo pasó a manos de la Secretaría de Derechos Humanos de la Nación, Baños nunca separó a la policía porteña. Al momento de los hechos estaba a cargo del Ministerio de Seguridad de la Ciudad Diego Santilli, sucedido por Marcelo D’Alessandro, quien integró el charter del escándalo de Lago Escondido acompañado de jueces federales y el jefe de los fiscales porteños y tuvo que renunciar. Esa cartera no colaboró nunca activamente con la investigación, pese a que un policía «suyo» es quien desapareció. 

El fiscal Santiago Vismara –a quien Baños le quitó la instrucción de la investigación después de un tiempo– pidió desde el comienzo las filmaciones de cámaras de seguridad que estuvieran en un radio de 500 metros respecto del Easy y de la casa de Arshak. En ese radio, además, estaba la casa de Herba. Pero la policía porteña resguardó las cámaras del día anterior, el 23 de febrero solo tres de la zona del día de la desaparición, pese a que había 49 cámaras. En las imágenes se ve a Arshak, pero no se sigue adónde va. Ninguna cámara muestra dónde fue Herba. Un año después, la policía reconoció que había  perdido parte de esta prueba por falta de resguardo. 

Celular dañado

Tigran Karhanyan, hermano de Arshak, entregó el celular del joven policía (un Iphone 7) el 27 de febrero de 2019 cuando comenzó la investigación. Lo tuvo la División Cibercrimen, donde Arshak precisamente había trabajado. El primer informe, al día siguiente, decía que no habían podido bajar la información con el sistema UFED que se utiliza para esta tarea. Había quedado reseteado de fábrica y sin información (lo mismo que sucedió con el hombre que intentó matar a Cristina Fernández de Kirchner). El segundo, cuando sacaron la SIM y la pusieron en otro dispositivo, había algunos «datos» whatsapp pero los policías dijeron que no les parecían importantes y los descartaron. Ni siquiera especificaron si eran conversaciones o qué cosa. Dijeron que había solo información hasta enero de 2019, es decir, el mes anterior. La fiscalía pidió la entrega del aparato utilizado para recuperar información, un informe que terminó recién en mayo de 2020 decía que los peritos «no respetaron las buenas prácticas forenses». 

Por las conversaciones de dos policías de Cibercrimen se supo, además, que hicieron dos informes: uno para la causa –que escondía información– y otro con la información real, que les era adversa, para la propia policía porteña. El subcomisario Miguel Ángel Flores tenía el teléfono intervenido (en septiembre de 2019) y habla de esto con uno de sus subalternos, Maximiliano Méndez .

Herba, el policía amigo

La primera declaración de Herba fue ante un comisario de la Ciudad. Dijo que visitó a su amigo unos 15 minutos y que éste le comentó que había sido sorteado en un plan de ahorro y estaba pagando un Volkswagen pero quería cambiar el modelo. Se supone, según su relato, que la conversación fue tranquila, pero no era lo que mostraba la cara de Arshak –cuando Herba le hizo escuchar un audio del celular– ni su caminar de un lado a otro. Tampoco fue tan breve el diálogo sino que duró más de media hora. 

Otro elemento crucial incorporado a la causa fue, tal como reveló Página/12, una conversación de Herba con Jazmín Soto, con quien tiene un hijo, y que quedó grabada en el propio celular de él, algo que al parecer hacía por cuestiones de pareja. Ella decía: «Vos seguí con el teléfono, seguí hueveando, seguí, seguí eh, haciendo no sé, desaparecer gente (…) El que está acá en orsai porque desapareció una persona y sos el principal sospechoso, sos vos. A mí la justicia no me tiene del forro del culo, yo no estoy a punto de perder el trabajo, yo no le cagué la vida a nadie como vos hiciste y no le cago la vida a nadie (…) Hasta te cubrí con la fiscalía y omití un montón de cosas que sabía para no seguir ensuciándote ni embarrándote”. Esto por lo pronto no tuvo consecuencias para el «amigo» de Arshak. Herba no está imputado. 

Más anomalías y evasivas

La realidad es que esta causa, a esta altura, merecería una investigación sobre qué se hizo con la pesquisa misma. Sólo para dar otro ejemplo, cuando el 28 de agosto de 2019 el fiscal Vismara ordenó varios allanamientos simultáneos (a la Sección Análisis de Investigaciones Especiales, División Delitos Informáticos Complejos, Departamento Cibercrimen, de la Dirección de Prevención e Investigación de Delitos Tecnológicos, dependiente de la Superintendencia de Investigaciones de la Policía de la Ciudad; la Comisaría Comunal 7B de la Policía de la Ciudad; la División Exposiciones de la misma fuerza; y el domicilio particular de Herba), alguien avisó a la propia policía, que mandó emisarios a su despacho en señal de apriete. Baños no avanzó prácticamente con ninguno de los procedimientos. 

El juez no quiso recibir a la mamá de Arshak, que le pidió audiencia. En la Secretaría consideran que Baños no tuvo ninguna voluntad de avanzar y descubrir la verdad. Esto, explican, coloca al Estado argentino ante el riesgo de incumplir tratados internacionales. Ahora subroga Martín Yadarola, a quien le pedirán medidas. En lo último que se enfocó la querella fue en tratar de encontrar a Arshak como sea. «Pedimos que se oficie a todos los juzgados y fiscalías de la ciudad y la provincia de Buenos Aires para ver si tienen causas de alguna persona fallecida no reconocidas. Esto el juez lo admitió y advertimos que hay gran cantidad de casos», cuenta Mariano Przybylski, director nacional de Políticas Contra la Violencia Institucional. «El problema, dijo, es que «pretendemos sistematizar la información de cada caso y cotejarla con el perfil genético de Arshak incorporado a la causa. En más de seis meses no tuvimos respuesta».

Se verá ahora si el cambio de juez genera un cambio de rumbo, o sigue todo igual. 



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