junio 13, 2024

Argentina es uno de los países más elegidos para el avistaje de aves


Yetap de collar Foto Gentileza de Horacio Matarasso
Yetapá de collar / Foto: Gentileza de Horacio Matarasso.

La abundante riqueza natural de los correntinos Esteros del Iberá, destino que se posiciona como la novedosa «meca» del avistamiento de aves, es uno de los cuatro circuitos más visitados en Argentina por entusiastas de una práctica que no solo conecta a la persona con la naturaleza, sino que incide en la concientización ambiental, las economías locales y el mercado turístico.

De las 10.500 especies de aves que existen en el mundo, más de 1.000 habitan en la Argentina y, sumado a esto, los diferentes climas del país permiten que la actividad del «pajareo» -como lo llaman los apasionados de la ornitología- se pueda realizar durante todo el año.

«En el mundo hay 78 millones de fanáticos, según la federación Birdlife International, que viajan, permanecen habitualmente entre dos y tres semanas en el país, y no quieren hacer otra cosa más que observar aves», dijo a Télam el biólogo Horacio Matarasso, presidente del Comité Internacional de la Feria de Aves de Sudamérica y vicepresidente de la Asociación de Guías de Aves Argentina.

De las 10.500 especies de aves que existen en el mundo, más de 1.000 habitan en la Argentina

«El mercado de los viajes del avistamiento de aves crece dentro y fuera del turismo», explicó el especialista, de 57 años, y destaca que alrededor de «50.000 observadores de aves ingresan por año al país, con un gasto promedio de 7.000 dólares por persona», una cifra que describe como «atractiva y que despierta el interés en todo el mundo».

«Argentina no estuvo en el circuito de avistamiento de aves hasta ahora. Los europeos solían viajar más a África y Asia, a sus antiguas colonias, y los norteamericanos a Centroamérica, pero en el último tiempo, turistas, sobre todo de los países anglosajones, se volcaron al país. También se manifiesta una creciente inclinación de los países asiáticos. Estas tendencias son impulsadas, en parte, por las redes sociales y el mercado de crucero», agrega.

De acuerdo con Matarasso, los observadores «tratan de concertar en la mínima cantidad de días la mayor cantidad de lugares para ver muchas especies y, a lo mejor, en una estadía tradicional suelen contemplar cinco o siete provincias en una sola visita».

Esteros del Iber un rea de 1200000 hectreas protegidas donde conviven ms de 380 especies de aves
Esteros del Iberá, un área de 1.200.000 hectáreas protegidas, donde conviven más de 380 especies de aves.

El encanto de las aves es inabarcable; si se las observa con detenimiento, es posible hallar en cada ejemplar una particularidad que lo convierte en una verdadera obra de arte viva: el aspecto de su pico, los colores -a veces indescifrables- de su plumaje o los dibujos que imprimen en sus alas y dorso; una cresta exótica, la forma del flequillo o los delicados rasgos de un rostro al descubierto; extravagantes danzas que regalan espectáculos únicos o sus llamadas, que pueden emular -en algunas especies- hasta la caída de una gota de agua.

Para quienes persigan incrementar la lista de observaciones y reparar en estas peculiaridades, Argentina propone cuatro circuitos en los que confluyen varias regiones biogeográficas que conservan una colosal concentración de aves.

Uno de ellos se enclava en el centro norte de la provincia de Corrientes y configura el segundo humedal más grande del mundo, detrás del Pantanal brasileño: Esteros del Iberá, un área de 1.200.000 hectáreas protegidas por los parques nacional y provincial homónimos, donde conviven más de 380 especies de aves y que tiene al menos cinco localidades de acceso.

«Los esteros del Iberá tiene en sus portales norte bosque chaqueño, pastizales pampeanos y selva, que conduce a las Cataratas de Iguazú. Permite recorrer cuatro regiones megadiversas de la Argentina con especies muy distintas», reseña Matarasso, quien hace cuatro décadas disfruta de dedicar parte de su tiempo a estudiar aves.

«La gente busca concentración de aves, conectividad, que sean lugares relativamente seguros, lindos y que estén bien conservados. Esto no está en todos lados, pero sí está en los esteros»Horacio Matarasso

Las localidades funcionan como puerta de entrada a los esteros, disponen de alojamiento, prestan servicios con distinto grado de desarrollo y se pueden recorrer como destino en sí mismo o como parte de un itinerario mayor que permite descubrir las diversidades que regala el humedal.

«Mucha gente conoce el portal norte Laguna Iberá, junto al pueblo Colonia Pellegrini, que es fabuloso, pero hace unos años hubo una apertura de otros portales en pueblitos aledaños. Cada municipio hizo accesos, centros de interpretación, tiene guardaparques, y cada portal ofrece atracciones distintas. Es maravilloso», describió.

En el norte de los esteros también está el portal Cambyretá, a solo 14 kilómetros de Ituzaingó; mientras que por el oeste, se emplazan los portales Carambola, en el histórico pueblo de Concepción del Yaguareté Corá; San Nicolás, en la localidad del mismo nombre; y San Antonio, en el pueblo de Loreto.

Quienes se acercan a esta «meca» del avistamiento de aves, pueden pasar horas camuflados en torres de observación, contemplando el horizonte, tratando de ver al yetapá de collar, recientemente introducido después de 100 años de extinción; o a la delicada monjita domínica, enteramente blanca excepto por sus alas negras, fácil de ver en Buenos Aires, Uruguay y Brasil años atrás, pero que ahora solo está localizada en lugares protegidos.

Guacamayo rojo Foto IG rewilding_argentina
Guacamayo rojo / Foto: IG rewilding_argentina

Otras gemas de los esteros son el colorido guacamayo rojo, de plumaje escarlata, cara despoblada y alas con verdes y azules; el jabirú, una de las aves más grandes de América, con 1,40 metros de altura y que puede alcanzar los tres metros de ancho si extiende sus alas; o el diminuto doradito copetón, de copete negro y amarillo, vientre amarillo fuerte y dorso pardo.

«La gente busca concentración de aves, conectividad, que sean lugares relativamente seguros, lindos y que estén bien conservados. Esto no está en todos lados, pero sí está en los esteros», destaca el especialista sobre el sitio que en octubre será la sede de la XIII edición de la Feria de Aves de Sudamérica.

El encuentro de observadores de aves más importante de América regresa al país

La XIII edición de la Feria de Aves de Sudamérica 2024, el encuentro de observadores de aves más significativo del continente, regresa a la Argentina después de ocho años para realizarse durante la primera semana de octubre en los Esteros del Iberá, en la provincia de Corrientes.

«Se trata de un encuentro de cuatro días con salidas de campo, charlas, talleres y simposios. No hay que ser un especialista, está destinado a gente que va a curiosear», contó a Télam el biólogo Horacio Matarasso, presidente del Comité Internacional de la Feria de Aves de Sudamérica y vicepresidente de la Asociación de Guías de Aves Argentina.

La ubicación elegida no es caprichosa: se trata de paisajes naturales que transitan la diversidad de pastizales subtropicales, humedales y bosques nativos, una combinación que permite reunir unas 500 especies y que proporciona una alta calidad de los registros.

El evento, que se desarrollará del jueves 3 al domingo 6 de octubre en la localidad de Ituzaingó, regresa al país luego de haberse realizado el año pasado en Ecuador con más de 900.000 asistentes y de haber girado por Colombia, Brasil, Uruguay y Chile, entre otros países.

Esta edición también contará con la participación de guías profesionales y amateurs de todo el mundo, especialistas en conservación de aves y sus ecosistemas, alojamientos y empresas de turismo vinculadas a este segmento en expansión, entes gubernamentales y ONGs.

«Es un evento muy importante no solo para los observadores de aves, sino también para el mercado del turismo, porque atrae a personas de Norteamérica y Europa, y se difunden los destinos que se planean promover», agregó el especialista, acerca de una región con fuerte identidad cultural, marcada tradición musical y exquisita gastronomía.

Además de las salidas de observación de aves, durante el encuentro tendrá lugar una muestra comercial con stands de operadores y destinos turísticos, emprendedores, fundaciones, organizaciones civiles e instituciones gubernamentales donde se exhibirán productos y servicios para el mercado de observación de aves. Para más información sobre cronograma, registro y tarifas, ingresar a www.birdfair.net.

Los otros circuitos argentinos

Otro de los cuatro grandes circuitos de la Argentina, y que se puede realizar todo el año, incluye la ciudad de Buenos Aires y el sur de Entre Ríos, con pastizales, otro tipo de bosques y los humedales del delta, como, por ejemplo, los de las localidades de Ceibas, Villa Paranacito y Perdices.

El tercer recorrido, según Matarasso, se configura en la región patagónica de Los Lagos, entre las localidades de Zapala, Las Lajas, San Martín de los Andes y la costa chilena, un área «con mucha riqueza, más de 130 especies de aves en los distintos ambientes y a la que no concurre el turismo convencional»; se recomienda ir en verano.

La cuarta gran zona incluye a Salta, Jujuy y Tucumán, caracterizada por «las transiciones en muy corta distancia entre el monte, el bosque chaqueño, la selva de montaña y el altiplano» y por «el endemismo increíble que tiene el noroeste argentino», remarca el especialista, quien aconseja visitarla en mayo.

El Benteveo es una de las especies de aves que podemos ver sobrevolando la Ciudad de Buenos Aires
El Benteveo es una de las especies de aves que podemos ver sobrevolando la Ciudad de Buenos Aires.

El avistamiento de aves como propulsor de la concientización ambiental

La cercanía con la naturaleza, uno de los ejes centrales que promueve la práctica del avistamiento de aves, estimuló un «cambio» en la actitud de la sociedad, evaluó el biólogo Horacio Matarasso, pese a que sostiene que «todavía falta mucho».

«Hay muchos problemas ambientales. No sé cuánta educación ambiental hay en la gente, pero todos somos más conscientes de que había que parar un poco y somos conscientes de que todavía falta mucho», manifestó a Télam Matarasso, presidente del Comité Internacional de la Feria de Aves de Sudamérica y vicepresidente de la Asociación de Guías de Aves Argentina.

«El cambio climático es una realidad y hay que prestarle importancia al entorno en el que vivimos. No son solo fenómenos naturales, el ser humano también participa», reflexionó el especialista.

Las actividades humanas generan cambios en el clima del planeta y las aves, como indicadoras de la salud de los ambientes, permiten conocer los impactos del cambio climático de manera rápida.

El aumento de la temperatura en solo 2°C incrementaría el riesgo de extinción del 30% de las especies en el mundo, según datos difundidos por la organización Aves Argentinas.

Otros efectos derivados de las actividades antrópicas, como la subida del nivel del mar, la fusión acelerada del hielo polar y los glaciares y las sequías, provocan cambios en la dinámica y distribución de las aves y afectar la composición de las comunidades.

En paralelo, la caza furtiva también supone una amenaza para la conservación de algunas especies, a pesar de que se trata de una tendencia que parece comenzar a aplacarse.

Matarasso comenzó a vincularse con el mundo de la ornitología hace cuatro décadas, durante su educación secundaria, y siempre supo que quería estudiar la carrera de biología.

«Empecé a observar aves por la provincia de Buenos Aires, a mis 17 años. Por donde iba había gente con jaulitas, con llamadores para atraparlas. En aquellos tiempos, se acostumbraba a organizar ferias donde se compraban y vendían pájaros silvestres. Era común que la gente tuviera pájaros en sus casas, mucha gente tenía uno», recordó el especialista.

«Hoy hay otra conciencia», sostuvo respecto de una actividad que, vinculada a una cuestión cultural, se transmitió de generación en generación durante muchos años.

«La persona que iba a cazar era medio como una heroína. Ahora, si sale a cazar, no lo cuenta, lo hace medio escondido, no sale con llamadores; sabe que no está bien visto», analizó el especialista.

«Si miro hacia atrás, noto un cambio. En las casas ya no hay tantos pájaros en jaula como antes. Me parece que también se cambió mucho el rifle por las cámaras de fotos y por los binoculares», remarcó el biólogo.





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